21 jun. 2012

LA GLORIOSA EN PROVINCIAS

La audacia revolucionaria radicaba en las juntas de las provincias.  Sus actuaciones y sus programas no dejan duda sobre las reivindicaciones y las pasiones populares.  Los progresistas las disolvieron antes de que llevaran a cabo sus programas, lo que provocó enfrentamientos sangrientos en Sevilla, Jerez, Cádiz y Málaga.  El republicanismo se ganó de esta forma el apoyo popular a costa del gobierno provisional.
Las juntas se habían arrogado funciones de gobierno.  Por ejemplo: la de Salamanca requirió a determinados terratenientes para que adelantasen el pago de su contribución.  La de Valencia abolió el impuesto de consumos.  La de Sevilla autorizó al cónsul de Estados Unidos para construir una capilla protestante y ordenó la clausura de 34 templos.  La de Valladolid suprimió el Seminario Conciliar.  Las de Zaragoza, Palma de Mallorca, Barcelona y otras decretaron la expulsión de los jesuitas.  Muchas derribaron edificios históricos para dar trabajo a los obreros.  Las de Sevilla, Málaga, Cádiz y Zaragoza reclamaban la separación de la Iglesia y el Estado.  El anticlericalismo era común a todas y sólo variaba en intensidad (excepción en Burgos, donde un tropel de exaltados a los gritos de "Viva la Religión" y "Viva Carlos VII" cosieron a puñaladas al gobernador civil).  También había conformidad en la abolición de los consumos y en la abolición de los impuestos sobre el tabaco, la sal y el papel timbrado.  Lo mismo cabe decir de la baja de los derechos portuarios y de los aranceles para las mercancías importadas.  Algunas juntas pidieron el derecho al trabajo y todas, por supuesto, las libertades fundamentales a que antes nos referimos y que fueron aceptadas por el gobierno.
Muchos de estos puntos no fueron recibidos en Madrid por ser en exceso radicales, lo que produjo una fricción que aumentó al obligarles a disolver las juntas.  Las provincias se resistían y crearon unos "comités de vigilancia" en los que los progresistas no tuvieron cabida y sí los republicanos.
Las clases medias urbanas, las clases medias inferiores, obreros y campesinos se vieron atraídos por el federalismo.  Las zonas principales de la actividad republicana se localizaron en la zona catalano-levantina-andaluza, aunque en estas zonas se distinguían diversas tipologías debidas a firmes ideas regionales y locales, a una reacción contra terratenientes y políticos gastados o a un descontento económico agudizado por la mala cosecha de 1868.  Ello hará que los movimientos revolucionarios se deban tanto o más a conspiraciones republicanas como a revueltas de desesperación.

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