21 jun. 2012

LA GLORIOSA EN PROVINCIAS (II)

Málaga y Cádiz estaban invadidas por trabajadores parados.  En Cádiz y pueblos de alrededor el desempleo abarcaba a tres cuartos de la población. El gobierno andaba demasiado interesado en las próximas elecciones para ocuparse de los problemas sociales.  El descontento y el hambre subían de grado a la par que el republicanismo de los "voluntarios".  Ante la tentativa de desarmarles, la milicia de Cádiz se lanzó a la calle, entablándose una lucha que duró tres días.  En ella tomó parte directiva el preeminente y primitivo anarquista andaluz Salvoechea.  Lo de Cádiz se repitió en Sevilla y Jerez el 26 de diciembre de 1868.
Málaga desempleada y su puerto inerte van a ser invadidos por los desempleados, en unión de los demócratas ya republicanos, gracias a la actuación de Fernando Garrido.  Lo mismo que en Cádiz se rumoreó que iba a ser desarmada la milicia.  Se puso al frente de ella Lafuente, amigo de Sixto Cámara y ocho veces desterrado, y el 1º de enero se endurecía la lucha, que iba a durar tres días.  En ella murieron varios cientos de personas entre soldados y rebeldes.  La represión, según Garrido, debió ser atroz.  Ramalazos de análoga violencia corrieron por el puerto de Santa María, Béjar, Badajoz, Tarragona, Orense, Gandía, etcétera.
En Sevilla, el federalismo era consciente y ya los demócratas habían contribuido a la revolución ganándose a la guarnición.  Son regionalistas firmes con implicaciones agrarias: repartos de tierras, exigencia a los propietarios a que presenten un título de propiedad, etc.  Su republicanismo parece fuerte, como lo demuestran las diversas elecciones; en las municipales hubo 14.938 republicanos contra 1.967 monárquicos.
Valencia conserva su milicia hasta octubre de 1869, y aunque permaneció tranquila, la actividad republicana creció hasta el punto de constituirse en una seria amenaza para cualquier gobierno monárquico.
El republicanismo catalán era más maduro, más complejo y más adulterado en la práctica que el vago federalismo del sur.  Desarrollo industrial y tradicionales sistemas de tenencia de la tierra contribuían a ello; los antagonismos económicos y políticos con Madrid seguían en pie.  El regionalismo se enardecerá con la "Renaixença" lingüística y cultural.
Los progresistas catalanes eran una especie de "anárquicos federales"; el carlismo catalán era excesivamente rural y no en todas las zonas.  La fuerza general descansaba en las ciudades y zonas rurales prósperas del litoral y contaba con un republicanismo antiguo, sobre todo el en Ampurdán.  No se olvide que Abdón Terradas había sido alcalde republicano de Figueras en 1842.  La clase media (los grandes industriales no eran progresistas ni liberales) era republicana por resentimiento hacia Madrid y los obreros textiles lo eran porque se les había negado el derecho de asociación.  El republicanismo de Barcelona tenía el apoyo de las masas y de la clase media profesional y contaba con figuras de la talla de Pablo Alsina, Monturiol, Suñer y Capdevila, Robert, Altadill, Clavé, Rubandonadeu, Tutan y Valentín Almirall.  El predominio de los federales en Barcelona se repitió por la mayor parte del territorio nacional catalán.En las elecciones de enero, de 35 diputados, 20 eran federales.  En la propia Barcelona ganaron seis escaños.  Sin tener un tajante programa económico o social, habían conseguido un éxito asombroso.  Un nuevo partido, que extraía su fuerza de las clases profesionales, la clase media inferior y los obreros, había tomado la iniciativa en la ciudad más avanzada política y económicamente en España.  Conscientes de su poder, estaban dispuestos a esperar el desarrollo en las Cortes.  Por cuánto tiempo les sería posible mantener su unidad y conexión dependería de la calidad de sus dirigentes locales.  Hacia principios de 1869, Almirall era ya la figura más preeminente del republicanismo barcelonés y el porvenir del movimiento en Cataluña dependía de él en gran medida.
Hacia principios de 1869, el republicanismo federal había enraizado en las ciudades periféricas de la costa mediterránea; pero a causa de las diferentes situaciones y de motivos distintos carecía de conexión y unidad.  Lo necesario en 1869 era unificar las fuerzas desiguales y dispersas.  Por eso el movimiento necesitaba jefatura, credo unificador y un programa que lo transformara de grupo de agitadores, unido sólo por el resentimiento y la desilusión, en un partido político organizado.

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