3 jun. 2012

LA DESAMORTIZACIÓN

La desamortización afecta a tres sectores: desvinculación de patrimonios, desamortización civil y desamortización eclesiástica.  Aunque la más polémica es esta última, la más dramática fue la civil.
Las desamortizaciones deben empezar por el estudio de la eliminación del poder señorial que ejercían los nobles sobre sus vasallos campesinos.
Las leyes de 1809, 1811, 1813 y 1820 (aunque suspendidas las tres primeras en 1814 y la cuarta en 1823) abolían las supervivencias del régimen feudal en el campo: vasallaje, las prestaciones jurisdiccionales y personales, los monopolios económicos y laborales, con sus respectivos privilegios exclusivos, privativos y prohibitivos; quedaban suprimidos los mayorazgos inferiores a 3.000 ducados de renta anual, y se prohibió hacer vinculaciones a particulares, títulos de Castilla y grandes de España, a partir de 3.000, 10.000 y 80.000 ducados, respectivamente, de renta anual.  Se disponía la parcelación de los terrenos de propios y baldíos, el cerramiento de fincas y la enajenación de bienes religiosos.  Se prohibía a las comunidades religiosas la adquisición de bienes y se les incautaban los diezmos; se suprimían totalmente los mayorazgos y vinculaciones, dejando en libertad a nobles e hidalgos para vender sus tierras.  Esto es confirmado ahora en virtud de la ley del 30 de agosto de 1836.  Desde este momento, se registró, sin pausa y sin estridencias, una ininterrumpida transferencia de propiedad de bienes de mayorazgos y vinculaciones civiles.  Según cifras recogidas por Salvador Millet, en 1845, el número de transacciones de propiedad desvinculada fue de 63.000, con un valor de 190 millones de reales, mientras que en 1854 fue de 273.000, con un importe global de 1.007 millones.  Estas cifras indican tanto el aumento del ritmo de compraventas, cuanto la entidad de las transferencias, en conjunto más elevadas que las que se realizaron por los conceptos de desamortización civil y eclesiástica.
Algunas propiedades de la alta nobleza, y muchas más de la nobleza media y baja, pasaron a manos de los burgueses enriquecidos, cabiendo suponer que este tránsito permitió un mejor aprovechamiento agrícola de las fincas.  La coyuntura económica y la expansión industrial también tuvieron su incidencia en el proceso desamortizador.

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