10 jun. 2012

LA CONSOLIDACIÓN DE LA INDUSTRIA TEXTIL EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX

A comienzos del siglo XIX la artesanía española carecía de técnica, capitales, concentración, etc. Nos fijaremos principalmente en la manufactura del algodón, determinante de toda una organización técnica y fabril que concentraría las empresas, movilizaría capitales y reduciría costes, aumentando la producción y desparramándola por todo el país.
En Cataluña, entre 1803 y 1808 se habían dado 14 concesiones de aguas para impulsar las hiladoras. este proceso de mecanización fue quebrantado, como otros muchos en España, por la Guerra de la Independencia.  La recuperación no fue fácil, debido a la falta de capitales y de mercados (la independencia americana es otro duro golpe), por lo que la antigua "bergadana" siguió siendo la reina del mundo algodonero.
A partir del 1832, el telar mecánico y la máquina de vapor irrumpen avasalladoramente para ir arrinconando a los husos manuales y sustituirlos por telares y husos mecánicos ("mule jennies" "continuas" y "selfactinas") o "Inventos del diablo", como les llamarán los obreros.
La hilatura mecánica, que suponía en 1831 el 3,78% de la producción algodonera, se convirtió en un 99,04% en 1861. El tisaje mecánico, que suponía un 0,9% en 1841, pasó a un 44,6% en 1861.  El ritmo era impresionante, pero aún faltaba bastante para acercarse al ritmo de producción extranjero, y sobre todo al inglés.  viendo las cosas desde este punto de vista, ¿era extraño que el proteccionismo se convirtiera en algo místico para los catalanes?
El proceso de concentración industrial queda patentado, en primer lugar, por la agrupación geográfica de las fábricas.  Barcelona y sus alrededores, con los mejores accesos marítimos, concentran la mitad de la producción, y el resto queda ubicado en los pasillos fluviales (Fluviá, Ter, Llobregat y Cardoner). Puertos, energía hidráulica y mano de obra sancionan la hegemonía de las comarcas fluviales.
Paralela a la concentración geográfica se registra la concentración empresarial.  El número de fábricas disminuye, al tiempo que aumenta el tamaño de las plantas.  Bien pudiera ser que entre 1842 y 1860 el número de fábricas disminuyera de 4.500 a 3.600; los obreros aumentaron de 97.000 a 125.000 y los caballos empleados pasaron de 2.095 a 7.800.  De lo que no cabe duda es deque en 1850 había tres hilaturas de más de 10.000 husos cada una, sumando 47.688, cifra equivalente al 6,01% del conjunto de los del país; en 1861 los establecimientos mayores de 10.000 husos eran seis, sumando 142.726 husos, o sea el 18,52% de la totalidad.
Este mismo proceso se nota en los capitales invertidos en esta industria.  Muy probablemente se pasó de 414 millones invertidos en el sector en 1842, a 1.000 millones en 1860.  Fueron también varios los capitales repatriados de América que se invirtieron.  Nos son conocidos los nombres de varias dinastías de industriales catalanes: Güell, Muntadas, Ferrer, Vidal, Batló, Fabra, Serra, Sert, Valls, etc.  Están ligados a esas sociedades que exigen fuertes desembolsos, como la "España Industrial", la "Fabril Algodonera", "La Industrial Algodonera", "La Igualdina Algodonera", "La Manufactura de Algodón", etc...
La concentración geográfica y empresarial, la movilización de capitales, las innovaciones técnicas y el surtirse del abundante y no muy caro algodón americano, intervino en la reducción de costes de producción, baja de los precios, aumento de la producción y extensión del mercado.
En el quinquenio 1861-1865 la materia prima no pudo sustraerse al fuerte impacto de la Guerra de Secesión americana.  Las vicisitudes sudistas marcan el mismo impacto en la interrupción de las entradas de algodón.  El resultado fue que la fibra alcanzó precios astronómicos y muchos fabricantes sucumbieron.

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