10 jun. 2012

CONSOLIDACIÓN DE LA INDUSTRIA TEXTIL EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX (II)

Desde finales del siglo XVIII, al creciente volumen de la industria algodonera se le presentan dos demandas importantes: la demanda colonial y la demanda interna. Hasta la Guerra de la Independencia las exportaciones a América constituyen un capítulo muy importante.  Pero en esta fecha las manufacturas quedaron reducidas a ceniza y las fábricas a escombros. Aunque la recuperación de la industria algodonera catalana fue rápida, el tráfico con América sufrió una caída espectacular, hasta desaparecer totalmente la demanda colonial.
Quedó, exclusivamente, la demanda peninsular (era imposible exportar a Europa), único excitante de la industrialización catalana. A partir de ahora, el proteccionismo se convertirá en el credo sagrado de los industriales catalanes.
La tendencia será:esplendor agrario condicionante del de las manufacturas.  Los buenos rendimientos agrícolas y las facilidades de comercialización de las cosechas, unidos a la reducción del precio de las indianas, significa que los algodones pueden penetrar en toda el área peninsular, aunque no se debe olvidar que, todavía en el siglo XX, una mala cosecha significaría un descenso del 30% en las ventas de los productos textiles.
Los vaivenes de la coyuntura agraria demuestran aún mejor el nudo del trigo y el algodón.  El adagio campesino "Agua, sol y guerra en Sebastopol" quiere decir que durante los años 1854 y 1855 la flota franco-británica bloqueó los puertos rusos, con lo que cerró la salida de los cereales de Ucrania, suminstradores de Occidente.  Esto supuso el mejor brindis a la producción castellana: se exportó trigo a Europa y América y se surtió sin competencia a la periferia; significó todo esto una inyección de dinero recibido del extranjero, que, a su vez, se tradujo en el aumento del consumo de textiles.
En un año normal, como 1858, la producción de tejidos de algodón alcanzaba los 118.531.862 metros; de éstos se exportaban a América 415.035 metros (0,35%), y los 118.116.827 restantes (99,64%) eran el consumo metropolitano.  La expansión del comercio interior era una realidad para la industria catalana.  Pero todavía, y pese al proteccionismo, o por lo mismo, las importaciones de contrabando se valoraban hasta en un 40% de la producción catalana.

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