24 jun. 2012

LA BRECHA ENTRE ESPAÑA Y EUROPA A FINALES DEL XIX (I)

El retraso de España respecto a Europa era sobre todo un retraso económico.  Éste era un hecho apreciado por todos y recalcado por los europeístas, quienes atacaban las rémoras del país.  Al igual que hoy, los europeizadores eran partidarios de recuperar el retraso, aunque para ello hubiera que destruir o modificar muchas de las actitudes tradicionales.
Será, por tanto, obligado echar una ojeada al proceso del crecimiento industrial y capitalista de las sociedades occidentales.  La diferencia de peso específico, en cuanto a la economía mundial se refiere, entre los países de la Europa atlántica y continental (debido al extraordinario impulso de la industrialización) y los países mediterráneos (al margen del mismo), va a hacerse cada vez mayor a partir de 1870.  Este dualismo, de posición geográfica, alcanza a España, donde el norte peninsular se incorpora a formas de vida típicamente europeas (Cataluña y el País Vasco), mientra una España mediterránea, campesina y lastrada por su problema meridional, se ve marcada por las cíclicas sequías y las anacrónicas formas de propiedad y explotación rurales.
La mayoría de los países europeos entre 1775 y principios del XIX queman con rapidez las etapas de la primera revolución industrial, que cuenta con unos rasgos muy caracterizados: decisivos cambios tecnológicos, particularmente en las industrias eléctrica y química; un fuerte ritmo demográfico, sobre todo en las potencias que van a la cabeza de la nueva revolución industrial, y una emigración en gran escala al hemisferio occidental desde los países europeos; cambios de organización, al ser sustituidas las empresas particulares por las compañías y la organización de grupos por granes asociaciones de patronos y sindicatos obreros con sus tendencias sindicalistas, cristianas, marxistas y anarquistas; la fuerza extraordinaria del "capitalismo financiero"; el incremento de la oferta mundial de productos, tanto de materias primas como de manufacturas, bien apoyados por los ferrocarriles, canales y buques de vapor.  En relación con el aumento de bienes lanzados al mercado, los precios experimentarán unas alzas y unas bajas ligadas al aumento y disminución de los medios internacionales de pago: carencia de oro o abundancia debida al descubrimiento de los yacimientos auríferos de África del Sur a partir de 1895.  Otros aspectos internacionales típicos del momento histórico serán el nuevo colonialismo, el neomercantilismo y el imperialismo.
Durante la época de la Restauración, la coyuntura española a través de las fluctuaciones de los precios presenta las cuatro fases siguientes:

1.- 1867-1875.  Inflexión hacia la baja, aunque el nivel de los precios se mantiene ato.  En este momento, la onda de precios españoles empieza a diferir de la internacional, aunque sin quebrantar sus características de conjunto.
2.- 1876-1886.  Los precios mantienen una cierta estabilidad.  Se puede hablar de "crecimiento optimista", en contraste con la depresión europea y la baja de precios internacionales.  Restauración de la monarquía borbónica y reanudación del equipamiento industrial de España no serían hechos extraños para explicarnos este contraste.
3.- 1886-1896.  Crisis de los años noventa, enmascarada por la suspensión de la convertibilidad de los billetes, inflación y proteccionismo.  Por ello, aunque los precios aparenten más firmeza que en el extranjero, la depresión es evidente.
4.- 1896.  A partir de esta fecha, tanto en Europa como en España los precios se recuperan y comienza una nueva coyuntura alcista; esta recuperación, aunque contrapunteada por malas cosechas y crisis industriales de ciclo corto, acabará los primeros años del siglo XX y se beneficiará de la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial para finalizar repentinamente con el "crack" del 1929.

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