26 jun. 2012

HEGEMONÍA DE VIZCAYA

El gran núcleo siderúrgico del país vasco se forma sobre la base de los ricos yacimientos de hierro existentes en torno a Bilbao. Su actividad se incrementará a partir de 1875 con el fin de la tercera guerra carlista.  Antes de esta fecha había tres grandes fábricas: Nuestra Señora del Carmen, de Ibarra y Cía.; Santa Ana de Bolueta, y Hierros y Aceros de Astepe.
En 1871, The Cantabria Iron Company Ltd. instalaba los altos hornos, que no se encendieron hasta 1879.  Pasados a manos del marqués de Mudela y puesta en marcha la fábrica de San Francisco, fueron estos hornos radicados en el desierto de Sestao, los primeros vizcaínos en quemar carbón de coque.  Era el comienzo de una nueva etapa en la historia de la siderurgia vasca.
¿Por qué la industria siderúrgica, más consumidora de carbón que de hierro, no se ubicó en Asturias?  Ésta contaba con combustible barato, pero con minerales pobres. Vizcaya, en cambio, carecía de carbón de piedra, pero abundaba en mineral de excelente calidad.  El intercambio podía haber llevado a una vertebración.  La realidad fue que entre 1881 y 1884 (y después lo mismo) Asturias importó de Vizcaya el 36,8% del mineral de hierro beneficiado, pero no contribuyó más que con el 10,2% a las importaciones vizcaínas de hulla y de coque.  El resto del combustible era de procedencia extranjera.
El abra bilbaína y la explotación del ferrocarril minero de Triano funcionaban con más eficacia que el puerto de Gijón y el ferrocarril de Langreo.  El factor decisivo para las minas férricas de Vizcaya fue el convertidor Bessemer; gracias a él, la vena, el campanil y rubio vizcaínos fueron demandadísimos por las grandes factorías europeas de acero.
Rápidamente, la empresas europeas (Orconera Iron Ore, Co. Ltd., Société Franco-Belge des Mines de Somorrostro y otras grandes firmas), solicitadas por la familia Ibarra, proporcionaron toda una serie de medidas técnicas -lavaderos, transportes- y financieras.  La exportación de hierro vizcaíno alcanzó cifras impresionantes, llegando algún año (como 1899) a salir más de 5.400 toneladas.  Esta demanda internacional configuró el desarrollo económico de Vizcaya. Los capitales acumulados mediante dicha exportación sirvieron de soporte financiero a una industria nueva y poderosa.  El empresario minero vizcaíno invirtió rápidamente sus utilidades, dando impulso a las antiguas compañías y formando otras nuevas.  En 1900 se constituyeron en Bilbao 108 sociedades, que representaban 160,7 millones de pesetas.  Habrá, pues, en líneas generales, correlación entre capitalización y exportación de hierro.
En 1882, Ibarra y Cía., con minas en Saltacaballo y fábricas en Guriezo (Cantabria) y Baracaldo, se transforman en la anónima Sociedad de Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Aceros, de Bilbao, disponiendo de un capital de 25 millones de pesetas.  En esta fecha nace también La Vizcaya, con similares objetivos y con un capital de 12,5 millones de pesetas.  Ambas empresas, más la Iberia, creada en 1888 para la fabricación de hojalata, se fusionarían en 1902 para formar la Sociedad Anónima de Altos Hornos de Vizcaya.  Estamos, pues, en la provincia más dinámica de las Españas.  
Vizcaya contribuirá a la producción española de lingote con mucho más de la mitad, sobre todo a partir de 1880, en que Andalucía ha quedado aniquilada y Asturias muy por detrás.
El emplazamiento siderúrgico en el País Vasco, enmarcado por las masivas ventas de mineral al extranjero, fue doblemente motivado: por una parte, los capitales provenientes de la exportación se reinvertirían; por otra, el abastecimiento de hulla inglesa fue un problema resuelto con gran facilidad, dados los bajos de los fletes de retorno de los barcos británicos que arribaban a Bilbao a coger mineral.  De esta forma, las industrias vizcaínas, dependientes casi por completo del coque inglés, no tardaron mucho en encontrarse ante la paradoja de que pedían protección arancelaria para sus productos metalúrgicos, mientras que trataban de conseguir el que le fuese negada al carbón asturiano.  Es esta forma, en vez del eje Bilbao-Gijón se formó el eje Bilbao-Cardiff.  Contra todo pronóstico, la revolución industrial española separaba los destinos de Asturias y Euskadi.
El crecimiento de Vizcaya, para concluir, no se limitó al sector siderúrgico.  Los empresarios vascos, en contacto con las economías más avanzadas, invadieron otros sectores.  El Banco de Bilbao (creado en 1857) y el Banco de Vizcaya (1901) serían los grandes instrumentos financieros del pujante capitalismo vasco.

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