14 jun. 2012

ESPAÑA SIGLO XIX, LA EVOLUCIÓN DE LOS RANCIOS (IV)

Hablemos ahora de la difusa clase media.  La clase media estaba compuesta por unos cuantos niveles situados por debajo de la aristocracias y de la burguesía; carecían de cohesión y de conciencia de clase, dada su heterogeneidad social y política y su imprecisa composición a base de militares, funcionarios, intelectuales, hombres de profesiones liberales, pequeños comerciantes, etcétera.
Entre estos núcleos hay que distinguir a los que evolucionan hacia mejores horizontes, de los que están proclives hacia el proletariado.  En esta situación se encuentra el trabajador agremiado.  Si los gremios constituyeron la plataforma de las clases medias durante el antiguo régimen, a la altura de 1800 no pueden aguantar  el envite de la producción industrial.  El nivel industrial declarará a los gremios anacrónicos, tanto técnica como mentalmente.  Por otra parte, su monopolio económico se agrietará ante la competencia y la dinámica económica general.  La legislación liberal antigremial de 1813, 1820, 1834 y 1836 o los intentos de conservarlos por parte del orden monárquico, nada significan si no es la constatación de una realidad:  la máquina de vapor les hacer hervir y la creación de una fábrica les acaba de cocer, al desarticularles la mano de obra y eliminarles del mercado.  Los trabajadores agremiados pasaron a formar parte del proletariado industrial, y probablemente, resentidos contra una sociedad que les hundía en la miseria, se convirtieron en miembros adelantados del movimiento sindicalista obrero.
Los hay también poseedores de un tono de vida superior al del asalariado, al contar con un pequeño negocio, una cultura y unas relaciones sociales.  Al lado de esta pequeña burguesía están las clases medias, muy vinculadas al Estado, quien, al condenarlas a un estilo de vida, las empuja hacia el proletario o hacia el resentimiento social; de esta clase media saldrán los demagogos radicales y los doctrinarios revolucionarios, fruto de la inestabilidad, de su necesidad de pluriempleo, de su fragilidad.
Con el tránsito del antiguo al nuevo régimen, el funcionariado entra en crisis y es objeto de desprecio por parte del mundo burgués.  Pero los ministerios, ayer como hoy, tragan cientos de funcionarios de todo tipo: intelectuales de segunda fila, clientela política, etc...; forman parte de una familia social.  Los "covachuelas" y los "cesantes" han sido tratados abundantemente por los literatos decimonónicos. A partir de 1852 quedan estructuradas las primeras plantillas de funcionarios, y poco después aparecerá el principio de oposición para el ingreso en la Administración pública.
El ejército ha sido un efectivo agente del gobierno hasta asumir el control del Estado en la primera mitad del siglo XIX.  Por el deseo de unas poderosas clases sociales, los militares intervinieron en política para proteger sus intereses profesionales, como exponentes del liberalismo constitucional y como agentes de la represión.  Por medio del pronunciamiento intentan llegar a un estado más efectivo, y algunas veces más popular, que el sistema parlamentario  Las causas de este fenómeno político militar posiblemente son varias: la Guerra de la Independencia, el romanticismo, el contacto con ejércitos extranjeros, la debilidad y corrupción del poder civil, la guerra carlista, el particularismo, el subdesarrollo, las sociedades secretas.  Estos pronunciamientos son fundamentalmente liberales porque el XIX fue el siglo de la monarquía liberal, porque en esa época existe una fuerte tensión entre el nacionalismo liberal y el regalismo absolutista, por el recelo que en aquella época sentía el estamento militar hacia el clero; porque los liberales, como consecuencia de su nacionalismo, eran partidarios de un ejército eficaz y bien organizado; porque los conservadores, usando del sufragio electoral y del caciquismo, que les permitían fácilmente mantenerse en el poder, impulsaban a la oposición a forzar el relevo gubernamental buscando la ayuda de los militares, y porque las academias militares se habían abierto al pueblo en 1811.

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