14 jun. 2012

ESPAÑA SIGLO XIX, LA EVOLUCIÓN DE LOS RANCIOS (III)

Hablemos de la burguesía ("la pobreza es signo de idiotez").  La burguesía era una clase débil, tanto desde el punto de vista numérico, social y económico. Esta burguesía iba unida al progreso de la industrialización, determinante de su arraigo a partir de 1830, fecha en la que se acentúa su proceso de consolidación y la adquisición de un peso específico dentro de la sociedad española.  Lo que acabamos de decir tiene que ser matizado, al no poderse hablar de una burguesía del tipo de la de Europa occidental nada más que en algunas zonas litorales, principalmente en Cataluña.
En esta zona ya existen verdaderos burgueses industriales a comienzos del siglo XIX, quienes ser verán fortalecidos por la reemigración de capitales americanos en la década de 1820 a 1830.  En 1826 surge a la vida histórica la primera institución representativa de la burguesía en España, al reorganizarse en Barcelona la Comisión de Fábricas de Hilados, Tejidos y Estampados de Algodón.  En este proceso no sólo debemos citar a los capitales repatriados, sino a la traída de novedades técnicas y a las ganancias derivadas del tráfico clandestino a través de los Pirineos.
A esta burguesía debemos añadir los núcleos mercantiles prevalecientes en la periferia, como en Bilbao, San Sebastián, Santander, Cádiz, Málaga y Valencia. En el País Vasco la alta burguesía estuvo vinculada a unas cuantas familias, creadoras a la postre, de una potente industria siderúrgica y de una banca sólida.
También en este grupo, aunque con diferentes intereses materiales y mentales, debemos situar a la burguesía interior (alta clase media), vinculada a la agricultura, fortalecida desde la desamortización y con vestigios posfeudales
Otro sector lo forman los contratistas del Estado: financieros y asentistas ligados a la alta burguesía de la corte, como Javier de Burgos, Gaspar Remisa y otros.
Los capitalistas, fabricantes y amos cobran conciencia de clase y aceptan el nombre de "burgueses", como les designan los obreros de la Primera Internacional.  Ideológicamente los grandes comerciantes son más progresivos y radicales; en los industriales catalanes se produjo la adscripción en masa de burguesía catalana al credo liberal conservador, en que permaneció hasta 1901.  Temen el problema obrero y se agarran al proteccionismo; la burguesía catalana se acomodó a la centralización moderada, a los impuestos uniformes y a la guardia civil, a trueque de un mercado español y de la eliminación de los problemas laborales.  La burguesía no realizó su revolución, sino que formó la amalgama de especuladores, industriales, propietarios agrarios, junto con los abogados prósperos y los generales ennoblecidos, que eran su voz política por excelencia, contribuyendo a lo que los demócratas empezaban a llamar oligarquía gobernante, calculada en quinientas familias.
La burguesía, nadando en lo económico, dio la espalda a la revolución que tenía encomendada, para, liberalmente vincularse a los estamentos feudales.  El descontento obrero crecía amenazador, obviamente.

Para saber más puedes leer HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LAS ESPAÑAS I siguiendo este ENLACE

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