14 jun. 2012

ESPAÑA SIGLO XIX, LA EVOLUCIÓN DE LOS RANCIOS (II)

El clero español, rico y numeroso, en torno a 1800 también estaba experimentando un descenso cuantitativo.  De un religioso por cada 30 habitantes en 1740 se baja a uno por cada 50 en 1803.  Su influencia en el país era importantisima, mirado por donde se mirase: universidad, colegios, parrroquias, etc...
La Guerra de la Independencia supuso un duro golpe para la Iglesia. Al lado de disoluciones religiosas y exclaustraciones forzosas se dio una crisis vocacional con renuncias numerosísimas de votos.  También a la escisión entre un alto clero reaccionario y las docenas de clérigos que participan en las Cortes de Cádiz, siguió una escisión mucho más trascendental: parte del pueblo rompe con los religiosos con el consentimiento de la burguesía. En la década 1830-1840 los incendios y matanzas se sucederán con frecuencia, marcando los orígenes del anticlericalismo español.  Cabe la interpretación hipotética, necesitada de numerosos comprobantes , de que el pueblo estaba ya cansado de propietarios abades y que los burgueses quisieron hacerse con sus ricos monasterios, tierras y solares.  De cualquier forma, la ideología liberal estaba minando el prestigio de las comunidades regulares.
Cifras oficiales arrojan, en 1826, 150.519 eclesiásticos, a los que, sumados 45.979 entre seminaristas, acólitos y otros servidores, daría un total de 196.498 personas bajo dependencia eclesiástica.
Si tomamos un año cualquiera, antes de la desamortización, veremos cómo sus rentas eran cuantiosas.  De hecho, hemos encontrado las cifras de las rentas del clero español en 1817, que ilustran muy bien la situación (cifras en reales):

-Diezmos: 700.000.000 
-Misas: 43.800.000
-Sermones: 8.200.000
-Rosarios, votos, exorcismos: 2.000.000
-Derechos de estola: 30.000.000
-Productos de colectas, imágenes, limosnas: 34.000.000

Lo confirma Moreau de Jonnes, con sus estimaciones hacia 1830, al decir: "Tal como aparece en los documentos auténticos, se advierte que la parte del clero en la fortuna pública era igual, por lo menos, a la mitad del producto neto de las tierras y delos edificios de toda España".
La desamortización fue el golpe de gracia al estamento eclesiástico, y no sólo por la pérdida de tierras, sino por la secularización que imprimió tal proceso.  Veamos las propiedades inmobiliarias en dos fechas muy determinadas del XIX:

1833: Los 31.279 frailes existentes en España poseían 1.834 casas y las 25.614 monjas 2.193.
1859: Los 719 frailes existentes en España poseían 41 casas y las 12.990 monjas 866.

Pese a todas estas reducciones de hombres y de bienes, la Iglesia, a mediados del XIX había recuperado gran parte de su poder económico e influencia social. La Iglesia se vincula al partido moderado y a las clases oligárquicas para rescatarles su perdida espiritualidad y rescatarse de paso a sí misma.  El Concordato de 1851 confirma su ascendiente económico y social.  La recuperación de la Iglesia viene confirmada no sólo por el número, sino por el desarrollo doctrinal e ideológico de los católicos españoles a finales del reinado de Isabel II.  Se esboza algo parecido a una colaboración entre los católicos y un Estado necesariamente tolerante.  Un plantel de personas exponencia este movimiento de recuperación: Antonio María Claret, Milá, Rubió, Quadrado, Menéndez y Pelayo, Balmes y la prehistoria de un pensamiento social católico, encabezado por el jesuita valenciano padre Atonio Vicent.

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