5 jun. 2012

ENTRE EL ASALTO AL PODER Y LA REVOLUCIÓN BURGUESA

Entre 1840 y 1868 la dialéctica política será ocupada por el conflicto entre moderados y progresistas.  El "abrazo de Vergara" representa la pérdida de empuje de la revolución burguesa, ya que la burguesía institucionaliza sus conquista y asimila los restos del antiguo régimen: Iglesia y nobleza absolutista.  Este inicio de una mentalidad derechista burguesa se afirmará totalmente durante la época de la Restauración, pero antes provocará el nuevo desencadenamiento de la lucha revolucionaria  y un nuevo asalto de la revolución (1868), en la que hará su entrada ya masiva el proletariado.
Antes de examinar los contrastes políticos de la "época isabelina" nos referiremos, en primer lugar, a la situación económica del país, que lentamente se recupera para experimentar una expansión económica a finales de este período.  Posteriormente nos detendremos en la sociedad liberal, que registra el aparente predominio de la burguesía y de las clases medias, consumando la proletarización de una numerosísima población campesina.  Tampoco dejaremos de señalar los aspectos culturales, dificultades exteriores y otras facetas características del período.
La coyuntura económica se mide, entre otros factores, en razón del desarrollo de la población, de los rendimientos agrícolas y de la superficie cultivada.  También se tiene en cuenta la producción de bienes de consumo, la evolución de precios y salarios, el volumen del comercio interior y exterior, el descuento bancario y el importe de la renta per cápita.
Dada la íntima correlación entre la coyuntura española y la mundial, señalamos los períodos de baja y alza de la economía mundial ochocentista.  Se presenta una fase descendente de la primera onda larga entre 1817 y 1844, seguida de otra ascendente, entre 1844 y 1870.  Tenemos, pues, claramente señalados un período de baja y otro de alza.
Al lado de estos ciclos largos se presentan unos ciclos cortos decenales que responden a depresiones intercíclicas: crisis de la producción, venta y paro forzoso... En la economía mundial estas crisis se dieron en los siguientes años: 1816, 1825, 1836, 1846, 1854 y 1868.  El librecambista siglo XIX correlaciona la coyuntura española y la mundial, tanto en los ciclos largos como en los cortos.  Las fluctuaciones de los precios reflejan un paralelismo entre la dinámica económica mundial y la española.
Después de las guerras napoleónicas, el mundo registra un desplome de los precios y entra en una fase de marasmo, con la consiguiente ruina de las actividades comerciales y agrícolas..  Esta depresión coincide con la restauración del absolutismo de Fernando VII, agravada por la Guerra de la Independencia americana, con la consiguiente supresión de envíos de plata mexicanos y peruanos y la inseguridad de la política interna, que se trasluce en la disparidad de criterios económicos entre conservadores y liberales.
La crisis mundial de 1825 llega a España en 1827, en que la curva de precios se despeña hacia la depresión, demostrando el fracaso polítio y financiero de los gobernantes absolutistas -o aristócratas y grandes propietarios- en contra de la burguesía y el campesinado.  La salida consiste en que los campesinos se sumen al carlismo, mientras Fernando VII afloja las riendas y se alía con la burguesía industrial, sobre todo catalana.  Aunque todavía se vive bajo la depresión, se percibe una renovación financiera y comercial: Código de Comercio, 1829; Bolsa de Madrid, 1831; ley de Minas, 1825; arancel de 1826.  Surgen hombres nuevos en la banca, en los negocios, como Aguado, aspar de Remisa, Javier de Burgos, Güel y Xifré.  Al mismo tiempo, la agricultura había experimentado un fuerte tirón alcista, tanto en los rendimientos como en el aumento del área cerealista.

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