29 jun. 2012

EL SISTEMA CANOVISTA DEL "TURNO" EN LA VIDA POLÍTICA (II)

Este sistema de partidos eliminaba el dogmatismo de un partido único, lo que quería decir que ni liberales ni conservadores se verían obligados a recurrir a la fuerza, la rebelión militar ni al pronunciamiento  Estaba claro que los políticos no iban a dejar gobernar a los militares; tanto Cánovas como Sagasta eran rotundos partidarios de la primacía del gobierno civil y o estaban dispuestos a que los militares se convirtieran de nuevo en árbitros de la situación.  Otro pacto del turno de partidos exigía que ninguno monopolizar el favor de la Corona, para lo cual se instruyó a Alfonso XII, a fin de que, a diferencia de su señora madre, dejara obrar sin entorpecimientos a los políticos simpatizara con todos y usara su prerrogativa regia de nombramiento y destitución de jefes de gobierno para que se "amañaran" unas elecciones con vistas a "fabricar" las Cortes del nuevo gobieno, con el acuerdo del Ministerio de la Gobernación.
Los conservadores, dirigidos casi siempre por Cánovas (excepto los gobiernos excepcionales de Jovellar y Martínez Campos), gobernaron sin interrupción desde 1875 hasta 1881.  En este período nos limitamos a enumerar algunos de los acontecimientos que cubren gran espacio de la Historia Contemporánea de las Españas: los dos matrimonios de Alfonso XII, con Mercedes de Orleáns y María Cristina de Habsburgo; el fin de la tercera guerra carlista y la pacificación de Cuba; la reducción de los fueros vascos y navarros.  Esto se percibe en la tendencia a la uniformidad jurídica y administrativa, como reflejan los duraderos Código del Comercio (1875-1885), Ley de Enjuiciamiento Criminal (1882), Código Civil (1881-1889), Tribunal de lo Contencioso-Administrativo (1888), Ley Provincial (1882), Ley Orgánica Municipal (1887).  el meollo de la política interior lo constituirá el abusivo proceder electoral, que hacía de las Cortes unas "deshonradas antes que nacidas".
En 1881 las huestes de Sagasta estaban impacientes por ocupar el poder; lo reclamaron con fuerza y varios conservadores les apoyaron.  Sagasta había entrado en contacto con el rey, quien, tramitada la inevitable dimisión de Cánovas, le encargó la formación de un nuevo ministerio. Las "reglas del juego" se cumplían y el periódico "La Época", conservador, se curaba en salud entonando el "juego limpio":

"La entrada en el poder de la izquierda no es ni puede ser un cambio radical, porque la izquierda no es un partido radical, no por la tradiciones que defiende ni por las ilustres personalidades que lo dirigen.  Nosotros no arrojaremos nunca de la legalidad la oposición de la izquierda, porque alejaríamos un concurso y una cooperación necesaria a las instituciones..."

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