5 jun. 2012

EL ROMANTICISMO ESPAÑOL (III)

La posición de todos los románticos españoles es claramente liberal, y entre ellos, Larra y Espronceda, más libres de convencionalismos sociales que Martínez de la Rosa o el duque de Rivas, captarán la necesidad de incorporar al pueblo y a al juventud en la vida nacional.
Estos románticos liberales españoles están influenciados por el romanticismo de cuño francés (Víctor Hugo, Lamartine...), exponentes de la Revolución Francesa de 1830.  Ya no se añora el pasado ni la Edad Media, impregnada de sentimiento religioso, sino que se muestran como resueltos simpatizantes de la revolución política llevada a cabo por el liberalismo.  En España cuaja, pues, cuando la burguesía liberal se hace con el poder y retornan los emigrados, esto es, poco más o menos, hacia 1834.  Estos románticos aceptan el nuevo progreso y las nuevas condiciones sociales, y aunque tratan de evadirse de la prosaica vida cotidiana por la vía de la poesía, fundarán una revista romántica con este significativo título: "El Vapor" (Barcelona 1833).
Los orígenes de este romanticismo liberal hay que buscarlos en la valoración de unos hechos indispensables para el conocimiento del romanticismo liberal español.  Nos referimos a la "carta magna" del liberalismo español, esto es, la Constitución gaditana de 1812; continúa con la "conspiración" y el "pronunciamiento", acciones típicas de la política liberal durante el reinado de Fernando VII.  Todo ello revela unas formas y unos tipos humanos que responden de lleno al patrón romántico.
Lo mismo que en política, en el intenso y breve apogeo del romanticismo español (1834-1840), podemos advertir dos tendencias: la de los viejos doceañistas que vivieron la Guerra de la Independencia y traen del exilio una tendencia a la moderación: Martínez de la Rosa, Toreno, duque de Rivas, Alcalá Galiano, Istúriz.  Entronca, hasta cierto punto, con el romanticismo nórdico, histórico: "La Conjuración de Venecia", "Don Álvaro o la fuerza del sino"...
Son contemporáneos de otra generación, más radical, nacida durante la Guerra de la Independencia y salida a la vida pública durante la Guerra Civil.  Frecuentemente anticlericales, partidarios de la vía de liberación, a través de una religiosidad libre y sin dogmas, son menos conscientes de su integración en una cultura nacional.  Participan de un liberalismo moral, opuesto a casi toda la moral anterior, introducido por su más ilustre representante, Mariano José de Larra, quien dirá: "Un fin moral osado, nuevo, desorganizador de lo pasado, si se quiere, y fundador del porvenir".
Ellos consideran que la literatura debe comprometer al escritor, hacerle beligerante en la lucha decisiva que están viendo: o el orden burgués salido de la revolución o las fuerzas del antiguo régimen.  Ellos serán los que impongan la democrática Constitución de los progresistas de 1837.

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