20 jun. 2012

ECLECTICISMO CULTURAL ISABELINO (I)

Pasó el tiempo de las exageraciones románticas y la orientacion de la vida española cambió de rumbo.  El equilibrio sensato y la sociedad estabilizada saben ya lo que no quieren.  El conformismo se compra y el juego de la política y de la especulación se toleran si se tienen buenos padrinos.  Los moderados se agarran a la seguridad, a la protección y a un orden compatible, es claro, con cierta libertad, con una ficción, al menos, de libertad, mientras atrás quedan con el romanticismo, la guerra carlista, las reformas de Mendizábal y la regencia de Espartero.  Larra se había suicidado, Espronceda había muerto.  Se entra en la era isabelina de la moderación y la mediocridad, de la Guardia Civil, los negocios bursátiles y los ferrocarriles con capital extranjero, que tiene a Ventura de la Vega como figura prominente en la literatura dramática y a Fernán Caballero en la novela.
El moderantismo se basa en la desamortización y en el concepto individualista de la propiedad, y par defender su propiedad inestable, reciente y discutiblemente adquirida, y para suprimir el bandidaje y las agitaciones rurales, crea la Guardia Civil.  Si relacionamos un poco, coincidiremos en señalar que cada época tiene la fuerza armada que le corresponde, o, mejor dicho, acierta a procurarse la que necesita: policía secreta para el reinado de Fernando VII; milicias nacionales para los liberales; Guardia Civil para los moderados; guardias de orden público a pie o a caballo para los gobiernos de principios de siglo; guardias de asalto para la Segunda República, y fuerzas de seguridad para épocas mucho más recientes.
La clientela del moderantismo la forman los verdaderos ciudadanos propietarios que asimilan la propiedad e inteligencia, mientras se alejan del absolutismo, del aristocraticismo antiguo y de la plebeya democracia, para asentarse en el justo medio de la masocracia bajo el lema: "tendrán poder político los que tengan poder social".  Pero los que en España tienen poder social son la plutocracia, la alta burguesía, la Iglesia y el ejército, y nunca las verdaderas clases medias.  Así, la inmoralidad política fue características de los moderados (militares, financieros, arribistas), mientras los administradores (técnicos) quieren llevar la nota moral, moderna y europea a las fuerzas reales dl país en un esfuerzo de eclecticismo.  Pero la España moderada, salvo en Cataluña, era muy poco burguesa, escéptica, mediocre, baja de tono vital.
La época isabelina, determinada por la infraestructura socio-económica a la que hemos hecho no pocas referencias hasta ahora, arrastra una serie de notas comunes: inautenticidad, inmoralidad, desamortización profunda e intolerancia para hablar de verdad sobre las cosas y vivir una vida verdadera.  No obstante, la sociedad española participará, en todos los órdenes, del tono de vida europeo que marca la época de la Francia de Napoleón III y, en menores dosis, de la Inglaterra de la reina Victoria.
¿Cuáles son las consecuencias filosóficas y culturales que, por entonces, prevalecen en la cultura europea y en la cultura española?

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