21 jun. 2012

DE LA REVOLUCIÓN DE SEPTIEMBRE A LA MONARQUÍA ARTIFICIAL (III)

Para los republicanos los derechos de reunión y libre expresión eran superiores y anteriores a todas las leyes.  Resueltos a impedir el restablecimiento monárquico, se lanzaron a una frenética propaganda republicano-federal.  Castelar decía a los republicanos zaragozanos:

"Levantad una protesta que llegue a las Cortes Constituyentes.  Decidles que un rey español es imposible porque heriría nuestros sentimientos de igualdad, que un rey extranjero es imposible, porque heriría nuestro sentimiento de independencia..."

Castelar, Figueras, Orense, Pi y Margall, Nicolás Salmerón, etc, sacudían a toda España a base de viajes y discursos.  Resultado de esta activa campaña fue la muerte de Raimundo de los Reyes García, gobernador en funciones de Tarragona, quien fue arrastrado por los manifestantes que seguían a Blas Pierranrd, portador de una bandera tricolor en la que se leía "Viva la República federal".  Pierrard fue detenido, pese a ser diputado, y los "voluntarios" de Tarragona y Barcelona fueron desarmados. Sin embargo, el problema era hondo y se extendía por toda España.
La iniciativa de un movimiento general pasó del partido parlamentario a los federales de provincias, más activos en pregonar la revolución federal inminente.  En "pro" de ella trabajaban los "pactos" entre los comités de provincias y regiones, con el fin de llegar a un acuerdo nacional.  El 18 de mahyo de 1869, 22 representantes de la "Antigua Corona de Aragón" se reunían en Tortosa y firmaban el primer pacto federal.  A continuación se firmaron pactos similares en Córdoba, Valladolid, La Coruña y Éibar.   Su finalidad era convertir el pronunciamiento de septiembre en una revolución y organizarse federalmente de acuerdo con similitudes geográficas de un pasado histórico común.  Es por ello que cuando en la actualidad hablamos de "nacionalistas" o "independentistas" tal vez deberíamos ser cautos y no negar la mayor de nuestro propio pasado, más que justificado por el hartazgo ante un sistema injusto y artificial que dio como resultado un levantamiento que no pretendía escindir las Españas, ni mucho menos, sino igualarlas y organizarlas de un modo más ecuánime y justo.  Confiaban en sus ideas, propaganda y organización para atraérselas voluntades de la nación, y aunque rehuían toda solución de fuerza, afirmaban expresamente su declinación de toda responsabilidad de los males que ocasionaran con el establecimiento e la monarquía.  Estaba claro que las organizaciones pactistas se convertían en comités revolucionarios.  Dejaban también claro que si los principios de la Revolución Española se vieran sometidos a cualquier ataque de carácter general, la sublevación estaría más que justificada.  Si esto se decía en el pacto de Andalucía, en el celebrado en Valladolid se aumentaba con la insurrección si se atacaban los derechos individuales proclamados en la revolución.

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