7 jun. 2012

CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX (II)

La segunda etapa (1833-1857) es de rápido aumento, pese a las dificultades de la primera guerra carlista (1833-1840) y a la epidemia de cólera (1853-1856).  Este nuevo empuje demográfico se vio favorecido por la buena coyuntura económica general por la que atraviesa todo el occidente europeo.  Además, la situación económica española mejora por el cultivo de nuevas tierras a causa de la desamortización, así como por el despegue de la industrialización y de las obras públicas y por una relativa paz interior que goza el país a partir de 1839.  Esta segunda fase podría considerarse como el "boom" demográfico decimonónico propiamente dicho, con un incremento de 3.200.000 individuos, a razón de 132.000 habitantes nuevos por año.
La tercera etapa, a partir de 1857, experimenta un freno en su tendencia ascendente, aunque sin empeorar la situación demográfica española.  Entra en juego en esta fase una fuerte emigración.  En líneas generales, podemos decir que los dos primeros tercios del siglo XIX son de fuerte incremento demográfico, motivado por la mayor fecundidad, el descenso de la emigración ya que España perdió casi todas sus colonias americanas y fue el último país en incorporarse a la ola migratoria Europea del XIX; por último, la vida humana adquiere una duración más prolongada.

Y es que hasta finales del siglo XVIII la esperanza de vida no alcanzaba los 30 años (España era un país de gente joven que moría pronto) y uno de cada cinco niños moría antes de cumplir su primer año de vida.  El éxito en la lucha contra la mortandad, sobre todo infantil, va a ser el gran factor determinante del aumento poblacional conseguido en la primera mitad del XIX.  El inglés Jenner salvó millones de vidas con el descubrimiento de la vacuna antivariólica a base de "cowpox".  Esta lucha contra la viruela la inició el doctor Piguillem en Cataluña a partir de 1800.  Tres años más tarde salía una expedición a ultramar bajo el mando de Francisco Balmis, y eran vacunados más de 50.000 individuos en Canarias, Puerto Rico, Caracas, América Central y Meridional y Filipinas.  Sin embargo, la Guerra de la Independencia y las dificultades posteriores relegaron la práctica de la vacunación, que se estancaría durante varios años antes de que el procedimiento de Jenner fuera aplicado regularmente en toda España.
Un factor negativo que había pesado en el estancamiento demográfico multisecular eran las epidemis, acompañadas casi siempre del hambre.
En 1821, la fiebre amarilla se llevó más de 6.000 personas en Barcelona en menos de cien días (el 6% de la población de la ciudad Condal).  El cólera morbo de 1833 atacó a medio millón de individuos, de las que murieron un 20% . La segunda epidemia de cólera morbo (1853-56) ocasionó unas 200.000 víctimas, y la tercera (1865) se llevó en sólo medio año a más de 230.000 personas.
Otro freno al desarrollo demográfico lo constituyen las terribles condiciones de vida del proletariado y la perduración de las crisis de subsistencias.
Pese a esta mortalidad extraordinaria (en 1900 todavía morían en España 29 personas de cada 1.000, frente a las 18 de la media europea), su ritmo descendente es lento, pero ininterrumpido.  Sin embargo, la natalidad se mantiene al alza hasta los años sesenta.

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