29 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: GUERRA DE GUERRILLAS (V)

Debemos valorar en su justa medida la importancia trascendental de los guerrilleros españoles en la Guerra de la Independencia.  No sólo fueron unos sujetos novelescos y de altura humana, sino sobre todo hombres eficaces y de una acción constante, que resultó decisiva.  La Guerra de la Independencia no se ganó en las grandes batallas, como se ha venido diciendo.  La situación la habían madurado unos guerrilleros, y los frutos desprendidos de esta coyuntura crítica a la que se sometió la guerra de guerrillas a los franceses se desprendió en esas batallas de Arapiles, Vitoria y San Marcial.
Podemos preguntar por quiénes fijaron los ejércitos franceses.  Para ello volvemos a recordar que durante los seis años de ocupación, los franceses contaron con un promedio de fuerzas en la Península de 300.000 hombres.  Los españoles y anglo-portugueses como máximo término medio dispusieron de 200.000, incluidos los guerrilleros.
En una confrontación táctica en campo abierto, los resultados eran presumibles.  Recordemos aún otras cifras: los efectivos franceses en las más importantes batallas siempre fueron de 20.000 a 50.000 y, sólo en Vitoria, de 65.000 hombres.  La consecuencia era aplastante: las otras cuatro quintas partes de las fuerzas francesas estaban fijadas, inmovilizadas, en la ocupación del país y preocupadas por mantener las comunicaciones abiertas.  Podíamos preguntarnos: ¿qué no hubiera hecho Massena en Portugal si Espoz y Mina no hubiera entretenido durante tres meses a 38.000 franceses y si los guerrilleros de Castilla no hubieran fijado una cifra superior que estuvo permanentemente custodiando la ruta de Madrid a Bayona?
Cuanto más se extiende el dominio francés por la Península, menores son sus posibilidades de acción.  La conquista de Galicia quedó en intento; la fragilidad de la conquista de Andalucía tuvo el mismo final.  Esto, en gran parte, era obra de las guerras de guerrillas, que practicaban el principio inverso: mantienen un dominio permeable, sin verse obligados a defender el terreno, sin acudir a guarniciones y sin tener que acudir a cubrir y sostener una línea de frente.  Mientras las tropas sólo son dueñas del terreno que pisan, las guerrillas son dueñas de todo el terreno, menos el que pisan los franceses.
Las comunicaciones son un problema determinante en una guerra.  Controlarlas supone el éxito; perderlas supone dejar la iniciativa al adversario, privarse de la táctica, morir ciego y de hambre.  Si el camino es información, refuerzos, abastecimientos... los ejércitos franceses se autodestruyeron al no contar, o no dejarles contar los guerrilleros, con las comunicaciones.
Solucionar estos problemas a precios costosos fue la postura adoptada por los invasores.  A  veces no bastaba un batallón para escoltar una carta.  Hay órdenes de París que tardan cuarenta días en llegar a Madrid.  Recordemos que excepcionalmente la distancia de Bayona a Madrid -sin guerrilleros- se podía cubrir en dos días.
Los propios franceses hablan de convoyes que tardaban en llegar de la frontera a Madrid más de un mes y al alto precio de ir escoltados por 3.000 o más soldados.  Cuando un francés diga que "cruzar España entonces era una operación militar", por debajo se está refiriendo a la efectividad trascendental de la guerra de guerrillas.
La erosión de los efectivos enemigos provocó más víctimas a los franceses que si hubieran tenido que luchar constantemente en batalla campal.  Sintetizando, y para los que en las cifras vemos exponentes cualitativos, las guerrillas dejaron muertos en España, en cinco años, 180.000 franceses, mientras que los guerrilleros perdieron 25.000 hombres.  Wellington infligió a los franceses pérdidas de 45.000, entre muertos, heridos y prisioneros.  No caben dudas a la hora de la interpretación sobre la eficacia de las intervenciones de las guerrillas.
Concluyendo en la importancia trascendental de la guerra de guerrillas, diremos que fueron éstas las que modificaron la situación internacional e inutilizaron la "Grande Armée" de Napoleón.  Guerrear en España suponía imposibilidad de mantener otro frente en Europa.  Retirar hombres del frente español era crearse situaciones insostenibles, evacuar territorios y abrirse ellos mismos la retirada, la huida y, a la postre, la derrota.

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