12 oct. 2015

CÓMO POCOS HOMBRES DOMINARON UN MUNDO (y III)

Obviamente las revuelta revelan que ciertos gérmenes de anarquía feudal habían encontrado, al cruzar el océano, fuerzas nuevas y clima favorable. Por lo demás, habrá que recordar los numerosos casos de comandantes y de altos funcionarios que sin llegar a la rebelión declarada, se niegan a abandonar el cargo que ocupan, incluso ante órdenes procedentes de la metrópoli. Reducción del poder central, exceso del poder periférico, que encuentran su expresión en un dicho muy extendido: "Dios está en el cielo, el rey está lejos y yo mando aquí".
Conjugándose con las tendencias feudales, influye también en el impulso de los conquistadores la tensión provocada por la implantación en España de un Estado autoritario, administrativo y centralizado, lanzado, además, hacia unas metas imperialistas de las que la conqusta de Granada, las guerras de Italia y las empresas norteafricanas y canarias son los antecedentes inmediatos. El programa político-religioso potenciado por los Reyes Católicos, centrado en conseguir la seguridad de la cristiandad y su ampliación por la fuerza de las armas, impulso también el movimiento conquistador y colonizador hacia ese otro Imperio que se ofrecía a Castilla al otro lado del Atlántico. De ahí que el servicio del rey y la honra de Dios cuenten también entre los motores que ponen en marcha la conquista de América.
Durante toda la Edad Media se creía firmemente que la cristiandad coincidía en sus límites con el mundo habitado, es decir, con la "ecumene". Las más elevadas mentes albergaban la convicción de que los apóstoles habían difundido el Evangelio por todos los rincones de la tierra; de modo que identificaban con el Anticristo a aqeullas potencias que, como la musulmana, se enfrentaban a muerte contra la república cristiana. Los descubrimientos de los portugueses y los españoles en la coyuntura de los siglos XV y XVI tiraron por tierra esta convicción. Inesperadamente, entraron en escena ingentes multitudes que nunca habían escuchado la Palabra de Dios. La cristiandad ya no coincidía con la ecumene. Mas en aquellas circunstancias, la providencia parecía invitar a España a completar la tarea que no habían llevado a término los doce apóstoles de Jesús: la de hacer oír el Evangelio en las Indias. Es significativo que fuesen conocidos como "los doce apóstoles" los religiosos enviados a implantar el cristianismo en México. Lo que es innegable es que la religiosidad española, purificada tras los eficaces movimientos de reforma iniciados en el siglo XV, se volcó apasionadamente, dispuesta a evangelizar a aquellas multitudes de infieles. La docilidad con que generalmente recibían los indios el bautismo, hacía pensar a los misionros que su cristianización total pronto sería un hecho. Ahora bien, según se creía, el fin del mundo tendría lugar en cuanto hubiese llegado la palabra de Dios a todos los confines de la Tierra. El fervor misionero se vio potenciado por la tensión escatológica que aquella creencia suscitó, es decir, la emoción de estar colaborando a una inminente venida de Cristo triunfante. No fueorn ajenos los misioneros a estas creencias. Algunos hubo que creyeron llegado el momento en que sería realidad la sociedad que describían los antiguos mitos sobre la edad de oro, aquella sociedad en la que "no existieron las palabras de tuyo y mío". Bajo esta luz cobran particular relieve los proyectos de Cisneros de liberar a los indios y cristianizarlos, los intentos de hacer realidad entre los indios ciudades semejantes a la que Tomás Moro describía en su Utopía, experiencia sociales tan interesantes como las que llevaron a cabo tantos otros misioneros desde el Paraguay hasta California.
En cualquier caso, nada mejor podría resumir, en definitiva, los ideales que movieron a los protagonistas de la empresa americana que las palabras sinceras y realistas de uno de ellos, el cronista Bernal Díaz, cuando, explicando los motivos por los que habían aceptado cuantas penalidades habían tenido que sufrir, escribía las siguientes palabras:

"... por servir a Dios, a Su Majestad y dar luz a los que estaban en tinieblas, y también por haber riquezas, que todos los hombres comúnmente buscamos".

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