3 ago. 2017

SITUACIÓN DE ESPAÑA EN EL CONCIERTO INTERNACIONAL TRAS EL CONGRESO DE VIENA (II)

Los planes de Rusia eran diametralmente opuestos: deseaba alzarse con la hegemonía continental y lograr un equilibrio colonial y marítimo mediante la oposición a Inglaterra de la fuerza naval de Francia, Holanda y España.  En este aspecto, hay que estudiar la actuación del plenipotenciario ruso en la corte de Fernando VII, Tatischeff.
En el Congreso de Viena (1814-15) se dan cita los grandes hombres de gobierno y hábiles negociadores.  Rusia (Alejandro I) y Prusia (Hardenberg) saldrán beneficiadas al anexionarse las mayores partes de Polonia y Sajonia respectivamente.  Sin embargo, no prosperarán sus intentos hegemónicos al enfrentarse con el tríptico francés (Talleyrand), Inglés (Castlereagh) y austriaco (Metternich).
Un sabio sistema de contrapesos, de inspiración inglesa, viene a montar un nuevo orden europeo, a través de una compleja red de pactos y tratados, sobre un principio de equilibrio.  El orden europeo establecido en la capital austriaca, y basado en la primacía rectora de cinco potencias -Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia y Francia- durará, en sus líneas generales, hasta 1870.  El Congreso de Viena es, pues, como la Paz de Westfalia, la Paz de Utrecht o la Paz de París (1919), uno de esos momentos decisivos en la organización de Europa como realidad pluriestatal.
Rusia, en su anhelo de salvar algo de sus intentos hegemónicos fallidos, propondrá la creación de la Santa Alianza, a base de consideraciones éticas y religiosas.  Austria, Rusia y Francia entrarán a formar parte.  No así Inglaterra, que alegará "obstáculos constitucionales de tipo interno, por tratarse de un pacto llamado a ligar entre sí a los soberanos, y no a los gobiernos".
Uno de los objetivos de esta "entente" es mantener las estructuras sociales y políticas de tipo conservador-monárquico, impidiendo los brotes revolucionarios.  el mecanismo se pondrá en práctica (Carlsbad, Troppau-Laybach, Verona) e intervendrá militarmente (caso de los Cien Mil Hijos de San Luis) cuando en la Confederación Germánica, Italia o España aparenzcan brotes liberales.  Pero no tardarán en formarse dos núcleos europeos: constitucional y liberal en occidente, absolutista en el oriente europeo.
La diplomacia española en el Congreso de Viena brilló por su actividad marginal.
España, de cara a Europa, contaba con un factor positivo: había sostenido una heroica guerra nacional contra Francia, lo que le proporcionaba unos enteros de admiración y simpatía en Europa.  Contaba, sin embargo, con factores de gran peso negativo: la situación de las colonias americanas era inestabilísima y amenazaba con la independencia total; la coyuntura económica, política y financiera reflejaban una profunda crisis interna; España -craso error- había salido victoriosa de la guerra, pero no se había quedado al margen de las cuatro potencias que habían acabado con Napoleón; a esto debemos sumar la falta de minorías preparadas para la tarea diplomática que representaba la integración en la nueva Europa salida de Viena.  Tanto el delegado español, Pedro Gómez Labrador, como el resto de diplomáticos brillaron por su ineptitud, amontonando la falta de criterio, desconcierto e informalidad.

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