17 may. 2017

LA QUIEBRA ECONÓMICA COMO BASE DE LA INESTABILIDAD POLÍTICA (I)

La revolución industrial o el fuerte desarrollo de las fuerzas productivas ha obligado a los estados europeos a adaptar sus estructuras políticas a esta nueva situación económica.  Disponer de un ejército completo, mantener una administración eficiente, dirigir una política inversionista estatal en obras públicas, enseñanza, etc..., costaba mucho dinero.  Para hacer frente a esta situación irreversible, era necesario aumentar los ingresos o, lo que es casi lo mismo, aumentar la presión fiscal.  Inglaterra pudo resolver este dilema gracias a su desarrollo económico general, hecho realidad merced a la revolución del siglo XVIII.  En Francia, como en otros países europeos, las fuerzas productivas estaban encadenadas por la política y la sociedad estamental..  El empuje de las fuerzas productivas en busca de una intensiva expansión agrícola e industrial determinó un vuelco total del aparato político, del engranaje de la sociedad y de la estructura de la propiedad agraria.  Para conseguir estos logros y poderse incrustar de lleno en la época de la revolución industrial, Francia no tuvo otro remedio que acudir a la violencia y a la lucha revolucionaria.
¿Cuál es la vía española?  Aquí se hacía frente a este proceso europeo y a las necesidades del Estado, a base de la plata americana y de emitir una montaña de deuda pública.  Así se iba tirando.
En 1814 el país estaba arruinado; seis años de guerra, soportando la presencia de más de 500.000 soldados, resienten sensiblemente el desarrollo económico de España.  La guerra, las epidemias, el hambre, afectan también al desarrollo demográfico.  Las fuentes de riqueza y los medios de producción quedaron paralizados, y a veces destruidos voluntariamente, tanto por franceses como por ingleses.  El comercio interior, la red viaria... habían sido tocados en lo más vivo.  España se había visto privada de sus ingresos extraordinarios de América y, para colmo, la coyuntura económica mundial experimenta una época de recesión general.  En estas condiciones, "restaurarse" económicamente era muy difícil, y máxime con la brusca bajada de los precios, freno de todo tipo de actividad económica.
El erario del Estado contaba con menos ingresos que antes de 1808; éstos eran el resultado de una presión fiscal, con lo que el Estado y todo el país caminaban de la mano de la miseria.  Pobre la Hacienda y pobres los contribuyentes; crisis del comercio exterior, pérdida de los mercados coloniales, reducción de ingresos por aduanas, agricultura e industria incipientes, al no contar con demanda, sufren un colapso y obligan a importar productos alimenticios y manufacturados, con la consiguiente negativa balanza comercial, falta de dinero, deflación, malestar profundo y malestar general de la sociedad.
La solución (como en Francia) es acabar con los latifundios y las formas de explotación que se oponen al desarrollo de las fuerzas productivas y, concretamente, al crecimiento de la producción agraria.
Pero a la altura de 1814 los que ocupan el poder son Fernando VII, los absolutistas y los "reaccionarios clericales", que no tienen ni idea del mundo financiero.  Estas fuerzas mal se avenían con cualquier tipo de transformación revolucionaria. 

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