3 feb. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (VI)

La persona más a propósito para llevar una política de apaciguamiento con la Asamblea Nacional francesa era, sin duda, el conde de Aranda.  Con el aragonés cambian las cosas; para comenzar se abolió la Junta Suprema del Estado, siendo sustituida por el Consejo de Estado, con lo que se daba cabida a la rancia aristocracia.  Aranda relaja la postura oficial hacia la Revolución, descuidándose la vigilancia y permitiendo la entrada de personas y periódicos, siempre que no fueran difamatorios o turbaran la paz pública.
La Inquisición se ve cortapisada por la incapacidad de recoger y ordenar las masas de periódicos y panfletos; además, el Santo Oficio carece de teólogos con la suficiente formación y con conocimientos del idioma francés.  La marea de publicaciones hace ineficaces los decretos reales, ya que son muchos los franceses residentes en España y los españoles que tenían relaciones con Francia y que se dedicaban a estos menesteres contrabandistas.
El gobierno francés no era partidario de buscarse enemigos a causa de lanzar propaganda, pero una vez que es derrocada la monarquía y se constituye la República, la Convención manda a sus generales destruir los privilegios y gobiernos vigentes en territorios ocupados y prestar ayuda a los pueblos deseosos de ganar la libertad; con ello la doctrina de expansión revolucionaria era apoyada por la expansión propagandística.
Bayona queda constituida como centro-nodriza para enviar propaganda a España.  Aquí destacará el refugiado español José Marchena, andaluz, estudiante en Madrid y Salamanca, enemigo declarado de la Inquisición, traductor de Lucrecio y admirador de los filósofos.  Llama a Rousseau "modelo de siglos venideros", al tiempo que canta y desea que la Revolución Francesa sea imitada en España:

"Excita al grande ejemplo
tu esfuerzo, Hesperia: rompe los pesados
grillos..."

Marchena entra en el club de los Amigos de la Contitución de Bayona, donde pronuncia, improvisadamente, el discurso de llegada en francés:

"Vengo de la tierra de la esclavitud, de la tierra del despotismo religioso y ivil, donde todos lo poderes, aplastando al mismo tiempo a los hombres de bien, hacen gemir a cada instante al desgraciado español de la desgracia de haber nacido hombre.  Vengo del país de la libertad, Oh, monsieurs!, Oh, Mes frères!... Vengo a dedicarme enteramente a ustedes..."

Preparan sistemáticamente campañas de propaganda dirigida a España.  Éstos son algunos párrafos del folleto "A la Nación Española", primera composición propagandística y obra del propio Marchena:

"Ha llegado el tiempo de ofrecer la verdad a los pueblos... Esta revolución sublime, que ha proclamado solemnemente los derechos eternos de la humanidad, que ha derribado de su trono de oro la superstición y la tiranía para colocar sobre él la igualdad y la razón, no limitará sus benéficas influencias al estrecho recinto de la nación francesa.  ¿Quién puede detener los progresos de una hoguera inmensa rodeada en torno de materias combustibles?  La naturaleza no destinó al hombre para ser esclavo del hombre; la superstición puede adormecer por un instante a un pueblo en los grillos de la esclavitud; pero, si la razón le despierta, guarde a los hipócritas y a los opresores."