18 nov. 2016

LA ILUSTRACIÓN EN LAS CIUDADES

Contamos 40 ciudades de más de 10.000 habitantes, además de otras ciudades, villas y aldeas más modestas, en número de 4.000.  Muchas de estas ciudades o pueblos grandes son, esencialmente, gruesas aldeas pobladas de labradores, quienes, en muchas ocaiones, viven lejos de donde trabajan.
En las ciudades se juntan nobles, burgueses, obreros, mendigos y vagabundos; masa ignorante y gente instruida.  Al lado de los nobles absentistas, refugiados en los "cementerios de las capitales", tenemos a la masa de peones y trabajadores, mendigos y vagos.  La situación de los trabajadores urbanos no es precisamente envidiable; gozan de sueldos ínfimos; a veces se elevan algo, pero siempre por debajo de los precios (y en esto la España del siglo XVIII se parece sorprendentemente a la de lo que llevamos del siglo XXI, cosa que sin duda hemos de agradecerle a nuestra actual aristocracia política como nuestros antepasados le debieron la misma gratitud a los equivalentes de su época).  Ya dijimos que Barcelona gozaba de salarios más altos que Madrid.
Las jornadas de trabajo, sorprendentemente, no son agotadoras, pese a haber algunas de doce o catorce horas.  Pero hay una gran masa que entra dentro de las 35-40 horas semanales.  Al igual que los pobladores del medio rural, los ciudadanos de clase baja son analfabetos.  No obstante, se realizan logros, debido, sobre todo, a la honda preocupación de los ilustrados por el problema pedagógico.
Artesanos, tenderos y empleados también comulgan con la ignorancia y llevan una existencia con distracciones vulgares (bebida, juego, toros...).  La noción y el deseo de progreso brillan por su ausencia.
Mendigos y vagabundos constituyen una auténtica plaga, por no hablar de los rateros y ladrones. Se toman diversas medidas contra ellos, pero en vano.  Es ya algo familiar y los desórdenes y crímenes son continuos y quedan impunes.  

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