26 sept. 2016

EL TERCER PACTO DE FAMILIA

Se imponía elegir un nuevo sistema frente a los de Gran Bretaña. La alianza con Francia no podía hacerse esperar.  Mientras el embajador Fuentes daba largas a las negociaciones, tal como hacía Pitt, Grimaldi marchaba a París para negociar.  Grimaldi llevaba órdenes de no comprometer a España en una acción bélica inmediata.  Los previos sondeos arrojaban una alianza defensiva, garantizándose los dominios ultramrinos.  Francia, caso de entrar en guerra España, entregaría en depósito la isla de Menorca, y los franceses no harían paz por separado sin antes arreglarse las diferencias hispano-inglesas.  Pitt, viendo discurrir así los acontecimientos, espetó al embajador español: "Antes cederé la Torre de Londres que la pesca en Terranova. Si no quieren ustedes reconocer las leyes del Almirantazgo inglés, los cañones de sus escuadras se encargarán de imponérselas".
La consecuencia fue que los acontecimientos se precipitaron, y el 15 de agosto de 1761 se firmaban en París el tratado y la convención. De este pacto quedaban muy satisfechos Carlos III y Grimaldi y Luis XV y Choiseul. En este "Pacto de Familia", comose le llamó, no hay que rastrear recuerdos dulces y pretéritos, ya que fue la situación internacional de aquel momentola que impulsó al rey de España a tal decisión.  Tampoco, comose ha afirmado, tiene nada que ver con el origen de esta alianza francesa la muerte, en ese año, de la reina Amalia, lo que dejaba vía libre a la política filofrancesa.
El texto del Pacto de Familia lo componen 28 artículos.  En la imposibilidad de reproducirlos, extraemos su contenido: los dos reyes mirarán como enemigos al que lo sea de una de las dos coronas; se conceden garantías sobre todos sus dominios, extendiéndose incluso a Sicilia y Parma; en caso de guerra, una potencia pondrá al servicio de la reguiriente navíos, fragatas, infantería, caballería y otros socorros (se estipulan números); no firmarán la paz por separado; es un pacto basado en el parentesco, en la sangre y en la amistad de ambos reyes, que extienden a los súbditos respectivos, a los que conceden un trato ventajoso en cuestiones comerciales y civiles.
Atados estos cabos, tras presionar a Portugal a que se mantuviera neutral y Francia prometer Menorca a España, Carlos III estaba resuelto a la guerra; pero quería diferir la ruptura hasta tener a punto el dispositivo marítimo y terrestre.

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