26 jun. 2016

LA POSICIÓN DE ESPAÑA EN EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL TRAS EL TRATADO DE AQUISGRÁN DE 1748

La Guerra de Sucesión de Austria termina con la Paz de Aquisgrán (18 de octubre de 1748). Terminó sin vencedores ni vencidos, y la inteligencia entre Austrias y Borbones se abrió totalmente. Francia, sin contar con España, reconocía a favor de Gran Bretaña los derechos del "asiento de negros" y e "navío de permiso". Al infante don Felipe se le conseguían los ducados de Parma, Plasencia y Guatalla. De Menorca y Gibraltar ni se habló. Fernando VI se daba perfecta cuenta de la fragilidad de los compromisos internacionales, aunque la familia anduviera de por medio. En esta línea caracteriza a Fernando VI el embajador inglés Keene, quien dirá que amaría tanto la paz como su padre había amado la guerra; y el duque de Argenson ratificaba:

"El rey Fernando toma las riendas en ocasión la más difícil desde hace largo tiempo... El Gobierno ha sido francés en España durante la vida de Luis XV, italiano en el resto del reinado de Felipe V; ahora va a ser castellano y nacional."

Voltaire decía que el periodo que siguió a la Paz de Aquisgrán fue el más feliz del siglo XVIII, pues "Europa parecía una gran familia después de sus diferencias". Aunque esto no es muy cierto para Europa, sí lo es para España, que arregla sus diferencias en sendos tratados con Inglaterra, Portugal, Cerdeña y Austria. También con la Santa Sede se cortan las discordias agravadas al comenzar el siglo XVIII. A partir del Concordato de 1573, se reconocía a Fernando VI el regio patronato en el nombramiento de personas para ocupar cargos eclesiásticos.

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