25 abr. 2016

NACIMIENTO DEL BANCO DE ESPAÑA (II)

Francisco Cabarrús se inspiró en el Banco de Inglaterra, en el Banco de Amsterdam y en la Banque Genéral de John Laus, aunque difería en su esencia de todos ellos. El banco era de propiedad privada -como la Reserva Federal de Estados Unidos- pero protegido por el rey. Todos podían ser accionistas, pero nadie podía ejercer un control especial. El Banco tenía que amortizar los Vales Reales en efectivo y a la par y desontar letras pagarés al 4% anual. Al banco se le concedía el pesado privilegio de abastecer de víveres y vestuario al ejército y la marina de España y América. Todo poseedor de 25 o más acciones tenía derecho a un voto en la junta de accionistas. En los primeros años el número de asistentes a las juntas siempre fue superior a 300 miembros, número excesivo para estudiar a fondo los problemas y procedimientos en un país como el nuestro. Además se carecía de un jefe ejecutivo, aunque la personalidad de Cabarrús se hacía notar.
Tenía ocho directores. Dos eran para suministros del ejército, permanentes y con sueldo. Los otros seis eran renovables cada dos años y sin sueldo. Elegían a los empleados y les marcaban el peculio, menos al cajero, secretario y contables, que lo recibían de los accionistas.
El capital que se fijó fue de 300 millones de reales. Para impedir el monopolio se dividió en 150.000 acciones con valor nominal de 2.000 reales cada una. Mucho capital para poder invertirlo todo y bien, a la vez que diera dividendos remunerativos. Además, de tal cantidad podía derivarse una inflación.
Las acciones de los extranjeros eran inviolables. Si cualquier accionista deseaba disponer del valor nominal de sus acciones podía serle abonado por el Banco por un periodo de hasta un año, al 4%. Su supuso que 300 millones al 4% darían 12 millones de reales. No se tuvieron en cuenta los negocios dudosos, las guerras, los préstamos fallidos, las reservas y otras pérdidas, en aquel momento impronosticables.
Las sucursales del Banco concederían préstamos al 5%, bastante menos interés de lo que por aquella época era usual.

De 1782 a 1785 el gobierno estimulaba la compra de acciones, a las que suscriben el rey, los nobles, los pósitos, los municipios, las hermandades. Sólo a partir de 1785 comenzaron a interesar a los particulares. A finales de noviembre de 1782 hay desembolsadas 9.452 acciones. El 20 de diciembre de 1783, 28.150 y el 30 de noviembre de 1784, 88.755.
Desde el primer momento decidieron emitir billetes por un valor de 52 millones de reales; aunque fueron aceptados, el 30 de noviembre de 1783 sólo había 32.750.0000 reales de billetes en circulación. Como los Vales Reales se cotizaban a la par, no se volvieron a emitir ya más, y los que ya había quedaron fuera de circulación. Desde el primer momento comenzaron a surgir problemas en la provisión de víveres al ejército, lo cual obraba en contra del Banco, y simultáneamente surgen las primeras censuras al Banco por su incapacidad de amortizar los Vales Reales. No hay que olvidar que éste había sido el motivo de su fundación.
Se concederá al Banco el monopolio para la exportación de metales preciosos. Sólo desde 1784 a 1788 se recibieron 40 millones de pesos de plata de ley. Cabarrús será atacado por exportar toda esta riada de plata, pero se defiende diciendo que España podía perecer ahoraga bajo montones de oro y plata, ya que una nación debe tener unas reservas proporcionads a sus mercancías y contratos o al movimiento de moneda que habría de realizarse; además, la plata debe exportarse como se exporta cualquier otro producto del suelo español.
La consecuencia es que el Banco obtiene grandes ganancias, lo que provoca un alza en el precio de las acciones (se estimula la especulación al alza). Pero los metales preciosos no llegaron a España con regularidad y descendió el precio de los Vales Reales. Fueron muchos los avispados que se dedicaron a vender sus acciones, redundando todo ello en eficaces ataques contra el Banco.
El Banco sigue perdiendo cinco millones de reales en 1785 al seguir con su manía de abastecer al ejército. Posteriormente se embarca en una serie de actividades catastróficas: compra de títulos franceses por valor de 31 millones de reales; se mete en la construcción del Canal de Guadarrama y del Puerto del Grao, de Valencia, proyecto que, aunque fue una deseconomía para el Banco, contribuyó al desarrollo económico valenciano.
De 1783 a 1802 la renta media de las acciones fue inferior al 2%. Distaba mucho del 9,8% o del 7% que se había prometido en un principio. El Banco, por otra parte, sólo encajó el 7,75% del papel moneda existente.
Tampoco apoyó la industria ni el comercio y dedicó muy poco a carreteras e infraestructuras. Sólo apoyó a cultivadores y comerciantes de lana o a proyectos tan poco seleccionados como el Calan del Guadarrama. Por otra parte, se vio involucrado en una nube de problemas que presagiaban su fracaso: la intervención por parte del gobierno, los seguros marítimos, las provisiones del ejército, el comerco con Filipinas, la adquisición de valores públicos franceses, el exceso de capital del Banco, las inversiones arriesgadas en empresas no bancarias, la mala dirección o algunos arbitrios imaginativos de Cabarrús.
Son demasiadas causas para hablar de fracaso. Además, hay que sumas la guerra franco-española, la guerra anglo-española, el corte de los arribos de plata americana, la inflación y la parálisis general.
Todo esto obligó al Banco a aumentar sus anticipos a la Corona. De este abrazo tan poco amoroso el Banco de España no percibía ni siquiera interés. La monarquía absoluta abría mucho la boca y terminó por tragarse al Banco. Caminó al colapso -general-del antiguo régimen.

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