27 abr. 2016

LA LIBERTAD DE COMERCIO CON AMÉRICA Y LAS COMPAÑÍAS PRIVILEGIADAS (II)

La Real Compañía de Comercio de La Habana ejerció el monopolio del comercio cubano desde 1740 hasta 1765, vendiendo azúcar y tabaco y comprando telas, lanas, harinas y esclavos. En 1751 se autorizó a la Real Compañía de Comercio de Barcelona para comerciar con Puerto Rico, Santo Dominog, Margarita y Honduras. Su existencia fue menos próspera que la de Caracas, aunque consiguió abrir brecha a los productos catalanes en las Antillas y América Central.
Ya hemos citado, en este sentido, la actividad comercial de los Cinco Gremios Mayores de Madrid. Pero estos boquetes eran mínimos para la asfixia comercial que representaba el monopolio gaditano. Se imponía más libertad.
La libertad de comercio con las Indias se dio, por fin, en 1765, coincidiendo con la libertad de granos en la Península. Extraña coincidencia, que nos hace pensar que estos decretos liberalizadores estaban en función de la presión que ejercieran la burguesía periférica y los terratenientes, acaparadores de granos.
Se pone fin a la política de puerto único y se permite traficar con América a nueve puertos españoles: Santander, Gijón, La Coruña, Sevilla, Cádiz, Málaga, Cartagena, Alicante y Barcelona. Esta medida dio buenos resultados, y en 1778 se permitía a todos los puertos españoles negociar libremente con América, excepto en el caso de México y Venezuela, que quedaban para Cádiz y San Sebastián respectivamente. Se habilitan otros cuatro puertos: Almería, Los Alfaques, Palma de Mallorca y Santa Cruz de Tenerife. Por contrapartida, se habilitan 22 puertos en las colonias: La Habana, Cartagena, Buenos Aires, Montevideo, Valparaíso, Concepción, Arica, El Callao, Guayaquil, Puerto Rico, Santo Domingo, Montecristo, Santiago de Cuba, Trinidad, Margarita, Campeche, Santo Tomás de Castilla, Omoa, Santa Marta, Río de la Hacha, Portobelo y Chagres.
Sólo restan Valencia, que no tendrá en condiciones su puerto del Grao hasta 1791, y Bilbao, puerto que no se habilita, por negarse los bilbaínos a renunciar al fuero por el que se les permitía importar del extranjero sin pagar derechos.
En 1789 cualquier súbdito español podía comerciar, sin trabas, con cualquier puerto de América. Las mercancías intercambiadas aumentaron en número y cantidad. Se exportan productos manufacturados extranjeros, vinos, aceite, mercurio, hierro y acero del Cantábrico; estampados y muselinas catalanas; paños de Guadalajara; sombreros, papel, libros, esclavos... etc.
Se importaba plata, cobre, estaño, cacao, azúcar, café, tabaco, vainilla, cueros y pieles; palo campeche, el brasil, gomeros, índigo, cochinilla, quina, algodón en bruto, lana de vicuña, etc...

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