18 abr 2016

IMPORTACIÓN DE TÉCNICOS Y TECNOLOGÍA EXTRANJERA

Para el desarrollo de su industria, la Corona necesita de unos conocimientos y una pericia que se habían perdido durante el siglo XVII. Se hizo un tremendo despliegue para reclutar esta mano de obra especializada. Son famosas las misiones para contratar técnicos que hicieron Ricardo Wall, Jorge Juan y el marqués de la Ensenada. Estas misivas diplomáticas atraían a grupos de artesanos, capaces de montar y poner en funcionamiento diversas fábricas. Similares gestiones llevaron a cabo los empresarios catalanes y valencianos. El mismo sistema se empleaba para comprar maquinaria nueva.
Pero los países europeos no contemplaron pasivamente el problema. Francia, ante esta evasión de "cerebros", colocó guardias en los Pirineos para bloquear la emigración. Lo mismo hace Inglaterra en sus puertos. Se dictan severas penas contra los trabajadores emigrantes; envían encargados a España para convencerles de que vuelvan a su país de origen; a los reclutadores españoles que sorprendían con las manos en la masa, los encarcelaban; etc...
A veces los emisarios españoles consiguieron nuevas máquinas en el extranjero, copiando los modelos. A esta mentalidad innovadora responde el caso siguiente: en Valencia, el gobierno había encargado la inspección de la industria y el perfeccionamiento de los procedimientos a un industrial de excepción llamado Joaquín Manuel Fos. En su juventud, siendo ya un rico fabricante de seda, Dos se propuso estudiar personalmente los mejores métodos de producción empleados en el extranjero. Sin decir nada a la familia, desapareció secretamente, dejando en el campo ropas ensangrentadas que hicieron creer a todos que había sido asesinado. Estuvo en Francia e Inglaterra trabajando en fábricas de seda, y después volvió a su patria chica (y a los brazos de su familia) con secretos profesionales que fueron publicados por el gobierno en un volumen hermosamente ilustrado y dedicado a Carlos III. El viajero y diplomático francés Burgoing hubo de confesar que Fos podía producir los tejidos muarés tan buenos como los mejores de Francia.
Por otra parte, el asentar en España a los obreros extranjeros cualificados resultó una tarea difícil, sobre todo por la oposición religiosa e inquisitorial que encontraban, ya que muchos eran protestantes. Hubo peticiones de empresarios para que la Inquisición se liberalizase, pero habrá que esperarse hasta 1797 para que cuando algún extranjero artista o fabricante "deseare establecerse en estos dominios, e hiciere constar ante la Junta de Comercio y Moneda o de los intendentes de las provincias que está suficientemente instruido en alguna arte u oficio útil al Reino, se le permita (no siendo judío) establecer su taller, fábrica o laboratorio, sujetándose a las leyes civiles y eclesiásticas, en caso de ser católico, y cuando no, se dé aviso a la Inquisición a fin de que no se le moleste por sus opiniones religiosas, siempre que sepa respetar las costumbres públicas".
Sin embargo, antes de esta fecha ya se conocen asentamientos de obreros extanjeros no católicos, sobre todo en Cataluña. También los gremios fueron un peligro para los artesanos extranjeros, ya que estas cerradas corporaciones no permitían la competencia, y los trabajos de estos europeos entraban en la órbita de sus privilegios. En resumen, los artesanos extranjeros contribuyeron al adelanto técnico de España al instruir y entrenar a los aprendices españoles, prestando servicios como maestros de artes y oficios en diversos centros. Introdujeron innovaciones mecánicas adquiridas en sus países de origen.
También es de tener en cuenta que, a veces, los españoles fueron apáticos a adoptar nuevas técnicas, o porque no les reportaban beneficios o porque eran caras o porque les era suficiente fabricar unos productos toscos, cuya producción tenían vendida de antemano en el mercado nacional y en las colonias americanas.

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