23 abr. 2016

COMPAÑÍAS DE COMERCIO PARA EL MERCADO INTERIOR

Entre 1476 y 1773, esto es, durante el reinado de Fernando VI, se crean nuevas compañías que tienen como finalidad el desarrollo económico del interior, ya que ni las compañías de los Cinco Gremios ni las ubicadas en los puertos costeros dejan sentir su peso en las zonas centrales de la Península. Así surgen las Compañías de Zarza la Mayor, Extremadura, Granada, toledo, Requena, Cuenca, Ezcaray y Burgos.
Fueron previas y, por supuesto, independientes a la apertura del libre comercio con América. Los objetivos que se propusieron no fueron otros que instalar fábricas y manufacturas, venta de estos productos, intercambios mercantiles, producción de paños, financiación industrial, comercio de lanas, etc...
Se las dota con grandes privilegios y exenciones; se les regulaba el vender acciones, así como el dar y recibir dinero. Comienzan sus operaciones con gran entusiasmo, cuentan con modestos capitales, compran, venden... En resumen, se benefician. No obstante, su exitencia apenas sobrepasó un promedio de diez años; o cayeron en bancarrota o fueron consideradas perjudiciales al interés público.
La compañía de Zarza la Mayor se proponía exportar tejidos de seda y lana a Portugal, para lo que contaba con una exención del 75% de los derechos arancelarios. Absorbió a la de Granada y ambas fueron absorbidas por la de Toledo. Entre todas sumaban un capital social de cinco millones de reales. La quiebra no se hizo esperar y la abolición fue la consecuencia lógica. Todo ocurrió entre los años 1746 y 1756.
La Compañía de San Carlos, de Burgos, se funda el 27 de noviembre de 1767; hay auspicios de que será la mejor de Europa. Pero desde un principio se nota que aquello no marcha. Se anuncia una suscripción de acciones por valor de seis millones de reales; sin embargo, sólo se cubren 998.000, con el caudal de los capitalistas madrileños y montañeses. No hay duda de que su participación es tímida.
A los tres años, las cotizaciones de las acciones habían caído más de un 30% por debajo de la par. A los seis años todo se había disipado como un sueño. El fracaso fue total. El enraizamiento de las causas es muy similar al que provocó la ruina de las Reales Fábricas: altos costes de producción, dirección incompetente con descuadre de balances, barreras geográficas y ubicación desventajosa, inelasticidad de la demanda, carencia de economías externas y debilidad de los accionistas, no pueden sostener la competencia y basta una ligera contracción para que se hundan.

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