20 mar. 2016

LAS CAMPAÑAS DE LA GUERRA DE SUCESIÓN (II)

Desde la perspectiva peninsular, la Guerra de Sucesión española no es la historia interna de España. Pero el reino de Felipe V se vio profundamente afectado por los sucesos originados en la guerra. Tropas extranjeras controlaban vastas partes del territorio español. Esto no se había dado desde las invasiones de los moros y no se volvería a repetir hasta la guerra de la Independencia, cien años después.
Felipe V entraba en Madrid como rey el 18 de febrero de 1701, y en mayo de 1702 la Gran Alianza declaraba la guerra a Francia y a España. Esta dinastía borbónica tendrá que luchar sola durante doce años contra los numerosos aliados, por cierto no siempre bien organizados y dirigidos.
Inglaterra y Holanda vieron rápidamente que lo que les atañía era el comercio de Indias, y su primer objetivo fue Cádiz y el control del tráfico americano. Austria quería imponer a su Habsburgo. Portugal, atada a Inglaterra, intentaría resarcirse de la preponderancia política castellana en la Península.
En el verano de 1702 una escuadra anglo-holandesa de 50 barcos de guerra y 14.000 soldados hacía su presencia en la bahía de Cádiz. El objetivo era apoderarse de los diversos puertos de la zona y formar una plataforma encaminada a provocar un alzamiento en Andalucía. La incapacidad bélica, la falta de provisiones de todo tipo y la situación material eran lo más apto para el propósito. Sin embargo, los ataques aliados se realizaron con torpeza e indisciplina. La violencia y el saqueo indignó a la gente de Rota y Puerto de Santa María. Esto les obligó a reembarcarse, tras dejar fuertes pérdidas en tierra. En toda Andalucía, por otra parte, estaba produciénose una fuerte reacción en defensa de su tierra, llevada a cabo por todas las clases sociales. El plan inglés de levantar Andalucía había fracasado. Inmediatamente ocurre el "affaire" de los "galeones de Vigo", ya señalado.
El 7 de marzo de 1704 el archiduque Carlos desembarcó en Lisboa con un considerable ejército anglo-holandés. Antes se había entrevistado con la reina Ana en Windsor, en su papel de Carlos III. Así se le llamaba tambien en Lisboa.
En España había comenzado una transformación administrativa y una reorganización militar, mientras Orry hacía producir las rentas reales. Además, en febrero de 1704 entraban de Francia 20 batallones de infantería, seis regimientos de caballería y dos regimientos de dragones. El duque de Berwick será el general jefe más distinguido de los generales franceses y quien con sus victorias consolidará la sucesión borbónica.
Se marcha contra Portugal con un ejército de 40.000 hombres. Lo dirige personalmente Felipe V y le acompañan Berwick, Tilly, Híjar, Aguilar, Villadarias y Ronquillo. El objetivo es Lisboa. Toman diversas plazas: Castelo Branco, Portalegre, Salvatierra, Penha-García, Segura... e invaden el Alemtejo y Beira. Pero la falta de abastecimientos para la caballería, el terreno, el calor, obligan a desistir. Se dejan defensas y el rey regresa a Madrid. La campaña resultó eficaz.
Los aliados cambian de orientación y se dirigen al Mediterráneo, tomando Gibraltar y librando combate naval en Vélez-Málaga. Ya hemos señalado que los intentos de reconquistar Gibraltar fueron fallidos.
En el verano de 1705 una armada anglo-holandesa de 170 naves enfila hacia Cataluña, donde se sabía que el partido del archiduque era numeroso. En octubre, Barcelona capitulaba y era proclamado rey el archiduque. En Altea, Denia, Gandía, Alcira, Valencia, Játiva, Orihuela, etc., también se le acogió. La proclama se extiende por toda Cataluña, Aragón y Valencia. La guerra civil tomaba trágicos caracteres. Felipe V, con sus generales, marcha sobre Barcelona, pero ante la llegada de la flota inglesa levanta el sitio, y considerando peligroso el regresar a Madrid por Cataluña y Aragón, lo hace por Perpiñán, Salces, Narbona, Caracasona, Tolouse, Pau, San Juan de Pier de Puerto, Roncesvalles y Pamplona (un buen rodeo), llegando a Madrid el 6 de junio de 1706.
Mientras, los aliados, arrojados desde Portugal, toman Alcántara, Plasencia, Ciudad Rodrigo, Salamanca... El 27 de junio de 1706 los generales Galway y Das Minas entraban en Madrid.
Las cuatro ciudades más importantes, Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valencia, están en manos del archiduque. Hay defecciones nobiliarias de la causa de Felipe V, aunque toda Castilla rehúsa al archiduque. Ésta es la causa de que los aliados no puedan consolidar sus éxitos. Mientras la guerra civil se desarrolla con esperanza en varios puntos de la Península, Felipe V vuelve a entrar en Madrid sin dificultades el 4 de octubre. El archiduque se retira a Valencia, en cuya capital fija su residencia para los próximos cinco meses.
Berwick sigue presionando, y se toman Cuenta, Cartagena, parte de Murcia y el sur de la Comunidad Valenciana. El obispo de Murcia, Luis Belluga, especie de prelado medieval, levanta un ejército-mesnada por su cuenta y toma Orihuela. En la parte occidental se recobra Alcántara.
Valencia es defendida por Das Minas y Galway, mientras el archiduque sale para Barcelona.
Luis XIV decide enviar otro comando a la Península con su sobrino el duque de Orleáns. Los aliados deciden atacar antes de que se una a Berwick, que contaba con 25.000 hombres. Los imperiales son unos 15.000 efectivos. Se enfrentan en Almansa. Los aliados pierden la batalla -como ya dijimos- y 8.000 hombres. Gran victoria que repercute en la moral e iniciativa borbónicas. Berwick había salvado la sucesión. Van cayendo, como consecuencia, Valencia, Játiva, Zaragoza, Lérida, Tortosa, Denia, Alicante; los aliados quedan encerrados en Cataluña. Estos desastres aliados eran compensados con las tomas de Menorca y Nápoles. Los contingentes franceses y sus generales Berwick, Orleáns, Bezons y D'Asfeld marchan a Francia.
El año 1709 es un desastre. La mala cosecha del año anterior se complicó con una epidemia de peste, hambre y un invierno más que riguroso. Los aliados multiplican sus esfuerzos y derrotan en Almenara a los partidarios de Felipe V, con lo que disminuyen las esperanzas de éstos. El archiduque entra en Zaragoza, y Aragón vuelve a proclamar a Carlos III. Sigue avanzando hasta Calatayud. La familia real borbónica abandona Madrid y se asienta en Valladolid. El 28 de septiembre de 1710 el archiduque entraba en Madrid.
Los borbónicos vuelven a estructurarse. Noailles entrará en liza por el Rosellón; Vendôme, por el centro, y Bay por Extremadura. Los aliados encuentran hostilidad en las gentes castellanas, haciendo insostenibles sus posiciones, lo que les obliga a retroceder. El general inglés Stanhope se detiene en Brihuega, donde es alcanzado, destrozado y hecho prisionero. El imperial Stahremberg va en sua yuda, pero es derrotado en Villaviciosa por Vendôme. La persecución deja en manos de Felipe V las tierras aragonesas. La causa borbónica estaba definitivamente salvada; la guerra civil iba cediendo ante las fuerzas integradoras. Noailles seguía maniobrando en Vich, Gerona y el Valle de Arán. Sólo quedaba el triángulo Igualada-Tarragona-Barcelona, bie atrincherado y apoyado por la flota inglesa.
El archiduque salió de Barcelona el 27 de septiembre de 1711 para ocupar el trono imperial. Sin embargo, la guerra civil seguiría hasta el 3 de julio de 1715, momento en que se rinde el último baluarte a Felipe V.