16 feb. 2016

LA QUIEBRA DEL IMPERIALISMO DE LOS AUSTRIAS (VI)

La política centralizadora de Olivares, al tratar de agrupar todas las fuerzas del país y de allegar los recursos de todos los reinos de la Corona, suscitó al mismo tiempo la oposición de todos los afectados. En 1631 se registraron los primeros síntomas en Vizcaya. En 1637, los portugueses se sublevan. En 1640, Cataluña entera se alza contra el centralismo de Olivares. Richelieu, entretanto, apoyaba decididamente las insurrecciones de Portugal y de Cataluña. La potencia militar de España, situada en condiciones de evidente inferioridad desde las campañas de 1637, sufre ahora un golpe mortal. Para mayor desgracia, en 1641 fallece el cardenal-infante don Fernando.
En los años siguientes desaparecen otras grandes figuras de la escena política. El emperador Fernando II, el cardenal Richelieu y Luis XIII fallecieron casi consecutivamente. Poco después, el conde-duque de Olivares era apartado del gobierno de España. Una vasta conjura había encauzado todos los movimientos de protesta que se oponían a la política del valido (1643).
Las derrotas sufridas por España en los campos de Europa, las insurrecciones de Cataluña y Portugal, la pobreza extrema de Castilla, el aumento de tributos, el derroche de riquezas que costearon las frívolas y costosísimas diversiones de la Corte, convirtieron el entusiasmo que inicialmente había suscitado el conde-duque en un movimiento colectivo de odio feroz. La nobleza, humillada por el valido, buscaba el desquite. Los eclesiásticos lo miraban con malos ojos, tanto por su política regalista como por los rumores que corrían entre la gente sobre supuestas herejías y hechicerías de Olivares. La reina, resentida contra un valido a quien sus esposo atendía más que a ella misma, y muchas demas de las más importantes de la monarquía, cortesanas unas, religiosas otras, como sor María de Ágreda, se levantaron también contra el valido. En palabras de Marañón, Sor María, desde el umbrío rincón de Ágreda, alzó su mano (que era la mano de Dios), y también la voz del pueblo, e hizo un gesto imperativo, que acabó para siempre con el conde-duque en el ánimo de su rey... La "conjura de las mujeres" fue, en resumen, más que la acción concertada de algunas de ellas, la expresión histórica de un sentimiento subterráneo de la mujer, como sexo, al famoso ministro.
Olivares es apartado de la privanza el 17 de enero de 1643. Como refirió la maliciosa copla:

El día de San Antonio (San Antón Abad)
se hicieron milagros dos
pues empezó a reinar Dios
y del rey se echó al demonio.

El "demonio" de Olivares se retiró primero a su palacio de Loeches. Posteriormente, se le ordenó marchar a Toro, para alejarle más aún de la corte. Así se pedía en otra intencionada copla:

Que de Loeches lo eches
espera el pueblo, señor.
Aleja de ti al traidor,
que está muy cerca Loeches.

Aquella forzada jubilación terminó con la salud del favorito caído. Su cuerpo se resintió hasta convertirse en el de un hombre medio inútil, que necesitaba andar apoyado constantemente en una muleta, que se fatigaba a pocos pasos que daba, agotado, insomne... A mediados de 1645, sus facultades mentales se trastornaron escandalosamente. El conde-duque murió en un estado de culminación de un largo proceso, que arrancaba en su temperamento y que las agresiones de la vida fueron desarrollando hasta el trance mortal.

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