11 feb. 2016

LA QUIEBRA DEL IMPERIALISMO DE LOS AUSTRIAS (II)

Los ánimos se radicalizan por ambos lados. Durante el segundo decenio del siglo XVII, el conflicto está a punto de estallar cuando es elegido rey de Bohemia y Hungría Fernando de Austria-Estiria, otro de los paladinas de la causa católica. Desde este momento, los católicos de Bohemia adoptan una actitud francamente agresiva contra los protestantes, identificados a la sazón con la causa del nacionalismo bohemio. En un ambiente tan tenso, el 26 de mayo de 1618 un grupo de señores bohemios, con sus criados, irrumpieron en el castillo de Praga y arrojaron por la ventana a cuatro lugartenientes del rey. Aquel hecho, conocido como "la defenestración de Praga", sería la chispa que haría estallar la Guerra de los Treinta Años.
Los bohemios expulsaron al rey Fernando de Estiria y eligieron uno nuevo en la persona del elector palatino Federico V, quien era al mismo tiempo el jefe de la Unión Evangélica que agrupaba todas las fuerzas protestantes. Los católicos reaccionaron eligiendo emperador al destronado Fernando de Estiria. A partir de 1618 hasta 1648, la guerra se prolongaría como conflicto religioso originariamente, que luego se convertiría en lucha abierta por la hegemonía europea y mundial. En esta conflagración se distinguen cuatro épocas: la bohemo-palatina (1618-1623), la danesa (1625-1629), la sueca (1630-1635) y la francesa (1635-1648).
Al comenzar las hostilidades en 1618, estando España todavía bajo el gobierno de Uceda, tomó ésta algunas medidas en favor dela política de la casa de Austria en Alemania. Una de ellas fue la de asegurar sus comunciaciones en La Valtelina; otra, la de ocupar los puntos estratégicos que, a lo largo del Rin, aseguraban las comunciaciones entre España y Flandes. En 1620, los católicos, dirigidos por el conde de Tilly, derrotaron ruidosamente a los protestantes de Bohemia, guiados por su efímero rey, el elector palatino (batalla de la Montaña Blanca). Bohemia, sujeta nuevamente a su antiguo rey y ahora emperador Fernando II, fue germanizada de la forma más brutal: el alemán pasó a ser el idioma oficial, se introdujo el derecho germánico, se limitó la difusión del espíritu y la cultura checos, la universidad de Praga fue depurada de intelectuales sospechosos. Todos estos factores contribuirían a explicar la postura checa frente a los alemanes al terminar la Primera Guerra Mundial, justamente tres siglos después, en 1918.
Como consecuencia de la victoria imperial en Bohemia, el centro de la lucha se desplazó al territorio alemán. Dado que el elector del Palatiado había sido el jefe de la insurrección de Bohemia, las tropas católicas invadieron sus dominios en el valle del Rin. Estamos, a la sazón, en el año 1621, fecha en que simultáneamente fallece en los Países Bajos el archiduque Alberto y expira la tregua de los doce años, firmada antaño entre España y las provincias flamencas. En España se pensaba que la única forma de impedir la agresión holandesa en los mares era volver a la guerra dentro de los Países Bajos, con lo que los holandeses tendrían que abandonar todos los demás campos de batalla para concentrar en su propio suelo todos sus esfuerzos. La corriente de opinión favorable a que no se prorrogase la tregua terminó por imponerse y así, al mismo tiempo que revertía sobre España la soberanía de los Países Bajos, ésta se embarca simultáneamente en una batalla contra sus súbditos rebeldes de Holanda y en un conflicto internacional, por su decisión de apoyar la causa católica de los Austrias en Alemania.

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