24 nov. 2015

LAS GUERRAS DE RELIGIÓN (y III)

La matanza alcanzó también a otros jefes de la liga. Un hermano de Enrique de Guisa, el cardenal Luis de Borbón, también fue asesinado. Pero la liga reaccionó. Otro hermano de Enrique, el conde Carlos de Mayenne, se puso a su cabeza. El Papa pidió cuentas al rey del asesinato de Guisa y del cardenal de Borbón. La universidad de París proclamó que negaría su obediencia a un rey asesino. Las masas parisienses se levantaron contra el rey. Éste, entretanto, había huido de París ciudad de la que se habían adueñado los católicos. En Tours, donde se refugió, se le unieron las tropas de Enrique de Navarra; al frente de ellas volvió a la capital y le puso cerco. Un día se presentó en el campamento un joven dominico, Jacobo Clemente, que entregó un memorial al rey. Mientras éste lo examinaba, el fraile sacó un cuchillo que llevaba escondido y lo clavó en el vientre del soberano. Antes de morir (2 de agosto de 1589), el último rey de Valois designó sucesor en la persona de Enrique de Navarra, con quien se estableció en Francia la dinastía Borbónica. El nuevo rey, Enrique IV, era calvinista. La liga mantuvo la postura de negarse a reconocerlo. El sitio de París continuó durante cuatro años, hasta que Felipe II decidió intervenir. Para el rey de España era inconcebible que sobre Francia reinase un hereje. Sus estados de Flandes estarían, además, perpetuamente amenazados. Por otra parte, se sentía con derechos al trono de Francia, como yerno que había sido de Enrique II por su matrimonio con Isabel de Valois. Así inició Felipe las gestiones diplomáticas necesarias para sacar adelante su proyecto y dio orden a las tropas acantonadas en los Países Bajos de entrar en Francia y apoyar a las fuerzas de la liga católica. Un primer destacamento, incorporado a los ligueros, se enfrentó con las tropas de Enrique IV en Ivry, y fue derrotado en marzo de 1590. Entonces Felipe decidió liberar París a toda costa. Alejandro Farnesio, general del ejército de Flandes, a pesar de su oposición a los proyectos de Felipe II, obedeció las órdenes de su rey y penetró en Francia. Atacar a Francia significaba perder terreno en los Países Bajos, donde los rebeldes, aprovechando la ausencia del grueso de las tropas españolas, se apoderaban de muchas plazas, mientras que las tropas españolas que guarnecían Flandes se amotinaban al no recibir sus pagas. Pero Felipe, obsesionado por su política imperialista sobre Francia, no atendía a razones. En 1591 consiguió poner una guarnición permanente en la capital de Francia. En Bretaña desembarcó un ejército de 3.000 hombres. Otras tropas penetraron por el Languedoc para apoyar a la lig, pero sobre todo para conseguir que la hija de Felipe II, Isabel Clara Eugenia, fuera aceptada como reina de Francia. Mas los franceses no estaban dispuestos a convertir su país en un estado satélite de España. Los mismos católicos se oponían a las pretensiones de Felipe II, quien, por otra parte, no tenía otra razón para intervenir que el protestantismo de Enrique IV. Para que Isabel Clara fuese aceptada como sucesora era necesario, además, derogar la ley sálica, que exlcluía de la sucesión a las mujeres, medida que se negaron a aceptar los Estados Generales franceses a pesar de que el rey de España amenazó con enviar un ejército de 40.000 hombres para sostener los derechos de su hija.
El 15 de mayo de 1593 tiene lugar el hecho que debía cambiar por completo la situación. El calvinista Enrique IV da a conocer su decisión de convertirse al catolicismo. El mayor obstáculo que le separaba del trono quedaba removido. Felipe II perdía la principal de sus bazas. Totalmente desconcertado, el monarca español se negó a aceptar los hechos, proclamando que su conversión era ficticia y presionó al Papa para que no reconociese a Enrique como rey de Francia; pero no pudo impediro. Enrique IV fue coronado en febrero de 1594; la guarnición española de París fue expulsada, y el primer rey Borbón entró solemnemente en la capital francesa. La Santa Sede intervino para lograr que se firmase la paz entre Francia y España. Finalmente, el 2 de mayo de 1598 se firmó la Paz de Vervins, pocos meses antes de la muerte de Felipe II.

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