15 nov. 2015

INTERVENCIÓN ESPAÑOLA EN LA POLÍTICA FRANCESA (III)

Mientras tanto, continuaba la guerra en los campos de Francia. La plaza de San Quintín, después de la batalla, quedó todavía en manos francesas hasta el mes de agosto de 1557. Felipe, con su típica lentitud para tomar decisiones, esperó a que llegase la respuesta de su padre antes de decidirse a tomar la plaza y avanzar resueltamente hacia París. Entratanto, Enrique se rehacía. En la primavera de 1558, sus tropas penetraron en Flandes y Luxemburgo. Después de algunos éxitos iniciales, el conde de Egmont, general del ejército de Felipe, venció ruidosamente a los franceses en Gravelinas (13 de julio de 1558). Poco después se acordó el armisticio, y éste, a su vez, se resolvió en la Paz de Cateau-Cambresis, firmada el 3 de abril de 1559. Las cláusulas de este tratado no eran ni un triunfo para España ni un desastre para Francia, sino que se limitaban a reflejar el existente equilibrio de poderes en Europa, confirmando la hegemonía de España en el sur y su debilidad en el norte. Francia abandonaba prácticamente sus aspiraciones a Italia, no sólo devolviendo Saboya y el Piamonte a su duque, ratificando así la existencia de una barrera que la hiciera desistir de cualquier intervención futura al sur de los Alpes, sino también abandonando Córcega y, por tanto, privándose de una de las posiciones estratégicas claves entre España e Italia en el Mediterráneo. Pero no fue todo pérdida para Francia. Su retirada de una política de extroversión militar la capacitó para concentrarse en los intereses nacionales; progresó en ellos, recobrando Calais (que arrebató a los ingleses, aliados de Felipe II) y manteniendo Metz, Toul y Verdún. Así sacó de Francia al aliado inglés de España, conservando sus propias conquistas del nordeste, las cuales obstaculizaban las comunicaciones entre los dominios españoles del Franco Condado y los Países Bajos.
El prestigio de Felipe en Inglaterra sufrió enormemente con aquella paz. Para debilitar la alianza anglo-española, Enrique II casó a su hijo, el delfín, con la reina de Escocia, María Estuardo, con lo que ponía un puñal a las espaldas de Inglaterra capaz de inmovilizarla en caso de alinearse nuevamente en el futuro al lado de España. La pérdida de Calais, que se consideró en Inglaterra debida a una traición, corroyó más aún la ya débil posición de Felipe. La muerte de María Tudor le dio el golpe definitivo. Todavía intentó Felipe reanudar la alianza inglesa mediante el matrimonio con la nueva reina, Isabel, que parecía estar dispuesta a mantener la causa católica en su país. Contra todas las evidencias, Felipe insistió en su propósito por algún tiempo, hasta que se convenció de que no era posible llegar a un acuerdo. Entonces optó por dar un giro de ciento ochenta grados en su política: Francia, el tradicional enemigo desde los días de los Reyes Católicos, volvería a ser el aliado. Felipe casaría con una hija del rey de Francia, Isabel de Valois. Era el clavo ardiendo al que Felipe tenía que agarrarse para no perder sus dominios de Flandes. El proyecto de un Estado anglo-flamenco era inviable. En adelante, el centro de graveda del Imperio filipino estaría situado en España.
El regreso de Felipe II a España en septiembre de 1559 es algo más que un viaje; es el símbolo de una política general de repliegue a posiciones más firmes y seguras, que pone fin momentáneamente a la política imperial de Carlos V. La razón última de este repliegue la constituye la debilidad de las finanzas, que se ha evidenciado en la bancarrota de 1557. Ésta, a su vez, deriva de la constitución misma de los estados que Felipe reúne en su corona. La autonomía de cada uno de ellos hace que sólo se interesen por sus propios problemas y pongn todos los obstáculos imaginables a cualquier esfuerzo del rey por aunar las fuerzas de todos sus reinos en una empresa común. Únicamente Castilla, el único reino en que la Corona está libre de las cortapisas legales que paralizan sus decisiones en otros reinos, constituye la fuente máxima de recursos. Por eso Felipe, a la hora de restaurar sus finanzas, se instala en Castilla. El Imperio de Felipe se españoliza. Felipe sería, por fin, un rey español.

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