6 oct. 2015

LA CONQUISTA DEL PERÚ (y VI)

Muerto Atahualpa, Pizarro consideró conveniente nombrar otro inca que le sustituyese. En realidad, sería un títere en manos de los españoles; pero no cabe duda de que la medida de Pizarro era la más adecuada para lograr la sumisión de los indígenas. Éste tal, llamado Manco, era hermano de Huáscar. Acompañados por él, los españoles entraron en Cuzco a mediados de noviembre de 1533. Nuevos tesoros vinieron a incrementar los que ya había dado Atahualpa a Pizarro.
En la capital del Imperio, Pizarro restauró el gobierno indígena y organizó también el español. El dominico Valverde fue nombrado obispo de la diócesis que se creó. Pizarro quedó como gobernador, según establecían las capitulaciones.
Hernando Pizarro fue comisionado para conducir a España la parte del botín que correspondía a la Corona. Cuando éste se presentó en la corte llevando no sólo la porción real, sino además una espléndida colección de maravillosas obras de orfebrería, el emperador confirmó a Pizarro como gobernador del país y le concedió jurisdicción sobre otras 70 leguas de tierra más al sur de las 200 que había recibido en sus capitulaciones. A Almagro se le concedieron otras 20 leguas más, a partir del límite meridional de las tierras de Pizarro. Almagro no se conformó, hasta el punto de que Pizarro tuvo que prometerle la cesión de una parte de las suyas si no tenía éxito en la campaña que pensaba comenzar para someter su territorio. En esta cuestión de límites tuvo su origen la grave disensión surgida entre ambos, que se concretó en la disputa por la posesión de la ciudad de Cuzco.
Almagro inició, efectivamente, la conquista del territorio que se le había asignado, correspondiente a la zona septentrional y central de lo que ahora conocemos como Chile. Pero al año de comenzarla regresó a Cuzco pidiendo a Pizarro que le reconociese como señor de la ciudad. Pizarro, por entonces, se encontraba en Lima, ciudad que había fundado en el verano de 1535 con el nombre de Ciudad de los Reyes. Almagro, aprovechando su ausencia, penetró en Cuzco, apresó a Hernando y Gonzalo, hermanos de Pizarro, y venció a los 500 hombres que Francisco Pizarro envió para disuadir a Almagro. Deseando llegar a un arreglo pacífico de la cuestión, ambos contendientes sometieron sus diferencias al arbitraje de fray Francisco de Bobadilla. El dictamen del árbitro era, desde luego, prudente. Dado que había un territorio disputado, cada contendiente debería retirarse a los límites sobre los cuales no hubiese dudas, y mientras se fijaba la frontera controvertida, Almagro debería liberar a los hermanos de Pizarro y entregar Cuzco al gobernador. Almagro cumplió la primera parte, pero permaneció en Cuzco. Pizarro, entones, recurrió a la fuerza. En Las Salinas, lugar cercano a Cuzco, se enfrentaron las tropas de ambos. Hernando Pizarro penetró en la ciudad, después de vencer a sus adversarios. Almagro y su hijo, llamado Diedo de Almagro el Mozo, cayeron prisioneros. Éste fue enviado a Lima. Almagro, acusado de traición, fue ajusticiado (1538). Su hijo, en unión de otros partidarios de su difunto padre, pronto se convirtió en el primer conspirador contra los pizarristas. Los conjurados penetraron en la casa de Francisco Pizarro el 26 de junio de 1541, cuando el gobernador había terminado de comer. Arrollando a sus servidores, llegaron hasta donde él estaba. A pesar de sus años, Pizarro se defendió valerosamente, matando a algunos de sus atacantes antes de caer mortalmente acribillado en un charco de sangre.
Muerto Pizarro, los almagristas nombraron gobernador del Perú a Almagro el Mozo. Pero entonces Cristóbal Vaca de Castro, representante de la Corona, notificó a todas las ciudades su decisión de asumir el gobierno, y pidió qu reconociesen su autoridad. Los Pizarro le ofrecieron su ayuda, pero él rehusó valerse de otras tropas que no fuesen las del rey. Los almagristas, rebeldes, presentaron batalla en la llanura de Chupas el 16 de septiembre de 1542, y la perdieron. Poco después, el joven Almagro era ejecutado en Cuzco como rebelde y traidor.
Todavía surgieron algunos conflictos de menor importancia, unas veces por causa de los indios y otras por disensiones entre los conquistadores. En 1543, con todos los territorios del Perú se creó finalemente el Virreinato del mismo nombre.

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