15 oct. 2015

FRANCISCO DE LOS COBOS. EL PERSONAJE QUE GOBERNÓ ESPAÑA

Por encima de todos los demás consejos, se destacaba el Consejo de Estado, comité asesor del monarca para todos los asuntos de política en general, pero, en especial,los "relativos al gobierno de España y Alemania". Su creación data del año 1522. Lo componían el arzobispo de Toledo, el confesor del rey, el obispo de Jaén, los duques de Alba y Béjar, el canciller Gattinara y el duque de Nassau. El honor que suponía participar en este consejo suscitó la envidia de los que se sintieron preteridos, y Carlos, en consecuencia, optó por prescindir de ellos, dejándoles únicamente una función honorífica. Su vacío se llenó mediante el Consejo de Guerra, del que ya hay referenciaen 1517, pero que sólo comenzó a actuar con eficacia a partir de 1522. En él se integraron varios de los consejeros de Estado, y su competencia se extendió a aprobar los planes militares que de antemano había preparado el monarca juntamente con sus generales.
Este sistema daba a la administración estatal un instrumento del que carecían los demás estados europeos; mas al mismo tiempo, el funcionamiento de aquella inmensa y complicada máquna burocrática era tan lento que amenazaba constantemente con la paralización y el colapso total. Para evitarlo y para agilizar su funcionamiento, Carlos recurrió entones a sus secretarios. Al morir en canciller Gattinara, Carlos no nombró un nuevo canciller, sino qeu descargó las funciones de éste en dos secretarios principales. Uno de ellos fue Francisco de los Cobos, personaje que se había elevado desde la modestia en su ciudad natal de Úbeda hasta ocupar los más altos cargos de la administración imperial. Desde 1501, Cobos había trabajado codo con codo con otros muchos secretarios y escribientes de la Corte. Al morir Fernando el Católico , se presentó en Flandes y fue nombrado secretario del Consejo de Hacienda, y pronto lo fue también de casi todos los demás consejos. Cobos se convirtió así en coordinador e intermediario de todos los consejos entre sí y con el rey y, en último término, en el jefe supremo de la administración con poder para hacer nombramientos y para presentar al rey debidamente informados y refrendados, los asuntos principales que en los consejos se trataban.
Fuera de la dirección de la política exterior, que Carlos V encomendó a Nicolás perrenot, señor de Granvela, todos los negocios quedaron, en definitiva, en manos de Francisco de los Cobos, que fue quien efectivamente gobernó España durante el reinado de Carlos V, y hay que reconocer que su gestión fue, en conjunto, eficaz y acertada. Él fue el creador de la burocracia estatal de los Austrias. Para dar continuidad a la administración, se ocupó de formar a quienes habían de susttuirle tomando el relevo en los distintos departamentos de Estado. Su sobrino Juan Vázquez de Molina, Gonzalo Pérez, Francisco de Eraso... fueron nombrados asistentes suyos, y se convirtieron, andando el tiempo, en sus sucesores y en los padres de otras tantas dinastías de burócratas. Apellidos como los de los citados asistentes volverán a aparecer con significativa frecuencia en los reinados posteriores. A él se debe el haber convertido Valladolid en la capital adminitrativa del reino, hasta que Felipe II fijó su residencia en Madrid en 1561. De todos modos, en las cercanías de Valladolid (concretamente en la fortaleza de Simancas) permaneció por mucho tiempo el archivo del Estado desde que en 1543 concentró Cobos allá todos los documentos que hasta entones estaban dispersos en los archivos privados de cada funcionario.
Aparte de sus dotes de gobierno, Cobos demostró también una particular maña para deshacerse de posibles competidores (como ocurrió, por ejemplo, con el mismo Gattinara) y para sacar provecho de su privilegiada posición. Cobos actuó también, entre 1543 y 1547, fecha de su muerte, como consejero del joven príncipe Felipe, que estrenaba regencia.
Compartían el consejo con Cobos el duque de Alba y el arzobispo Tavera. Carlos, que conocía bien a los tres, tuvo sumo cuidado de advertir a su hijo con quiénes se las tendría que haber mientras durase su ausencia. He aquí lo que decía sobre Tavera y Cobos:

"Aunque son cabezas de dos bandos hostiles, con todo he decidido nombrarlos a ambos para que no quedar a merced de ninguno de los dos"


Por lo que se refiere al duque de Alba, que debería asesorar a Felipe en cuestiones militares, Carlos se expresaba en sus instrucciones de la siguiente manera:

"Tratará de ganaros la voluntad, y os costará caro; temo que os ha de tentar cuanto pueda, incluso por medio de mujeres, de lo cual os ruego mucho que os guardéis; en lo demás que le empleo, en lo de Estado y en la guerra, servíos de él y honradle y favorecedle, pues es el mejor que ahora tenemos en estos reinos"


Quienes tales consejos daba, bien asimilados los tenía. En efecto, desde la muerte de Chièvres, Carlos no se había dejado dominar por ningún consejero. Nadie mejor que él había sabido cumplir lo que ahora recomendaba a su hijo:

"Es mejor discutir los asuntos con varios consejeros y no atarse nunca a ninguno, pues aunque esto ahorra algunas molestias, no es conveniente, y en especial ahora, al comienzo de vuestra carrera, pues los hombres dirán que sois vos el gobernado, tal vez sin ser verdad, y el ministro que alcanzara tal reputación perdería la cabeza y la vanagloria le conduciría a mil desatinos"

Éstos fueron los instrumentos con que Carlos V gobernó a sus súbditos.

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