13 jun. 2015

LA ELECCIÓN DEL NUEVO EMPERADOR DEL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO (II)

El papa León X, que a última hora apoyó oportunistamente la candidatura de Carlos, autorizó al emperador para extraer de España un impuesto extraordinario del clero. Después de muchos dimes y diretes, la Iglesia española accedió a pagarlo, pero al mismo tiempo esta cuestión puso frente a Carlos a un amplio sector de la clerecía, que no tardaría en tomar partido del lado de los comuneros.
Pero los gastos de la corte no se reducían a los capítulos mencionados. todavía era necesario hacer frente a los costosos viajes que Carlos debía emprender inmediatamente a Alemania. Largo y enojoso sería enumerar los medios que se arbitraron para allegar el dinero necesario. La culminación la marcó la decisión de reunir nuevamente a las Cortes de Castilla, entre otras razones por la suprema de solicitar un nuevo subsidio económico. En estas circunstancias, la ciudad de Toledo envió una carta circular a las demás ciudades de los reinos de Castilla y León convocando una junta, a la que se invitaban representantes de todas las ciudades. El orden del día era el siguiente:

"Paréceme que sobre tres cosas nos debemos de juntar y platicar, y sobre la buena expediciónde ellas enviar nuestros mensajeros a S.A.; conviene, a saber: suplicarle lo primero, no se vaya de estos reinos de España; lo segundo, que en ninguna manera permita sacar dinero de ella; lo tercero, que se remedien los oficios que est´n dados a extranjeros en ella. Mucho, señores, pedimos por merced, que vista esta letra luego nos responden a ella, porque vonviene que los que hubieren de ir vayan juntos y propongan juntos, porque sinedo de todo el reino la demanda darles han mejor y aun con más acuerdo la respuesta".

De las dieciocho ciudades que tenían representación en las Corts, diez respondieron a la carta de Toledo. Las ciudades de Andalucía se mostraron claramente repticentes; Granada, por ejemplo, juzgaba inadmisibles las propuestas de los toledanos. Entre las demás, Madrid y Soria propusieron que se pensara mejor. Guadalajara manifestaba su deseo de que hubiese unanimidad. Murcia, Cuencia y Segovia fueron las únicas que apoyaron completamente a Toledo.
Pero ¿por qué motivo fue Toledo la cabeza del creciente movimiento revolucionario? Quizás porque, situada en el corazón del reino, expresaba mejor que ninguna la inquietud de las ciudades del interior ante las perspectivas que se abrían tras la elección del rey de España al Imperio. La Castilla interior tomó conciencia de los problemas que se seguirían de este hecho: el reino podría convertirse en una nación marginal en el conjunto de los reinos que había de gobernar Carlos. Por otra parte, la adhesión a Toledo de otras ciudades del interior manifiesta su miedo de quedar al margen de las grandes corrientes comerciales, mientras que las ciudades de la periferia no se sienten tan amenazadas. He aquí algunos motivos más para expliar el desencanto y la decepción del país ante su nuevo rey, así como la puesta en marcha de la gran revolución comunera.
En estas circunstancias, la corte de Carlos hace pública en Calahorra el 12 de febrero de 1520 la convocatoria oficial de las Cortes. El 20 de marzo siguiente darían comienzo. La ciudad elegida para su reunión sería Santiago de Compostela.

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