1 may. 2015

LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS (IV)

La mayor parte de los judíos de Castilla intentaron pasar a Portugal. Por donde iban no faltaban gentes que trataban de aprovecharse de su infortunio, sin excluir a las autoridades. Hubo salteadores que cayeron sobre ellos para robarles. En las tierras de la Orden de San Juan les cobraro derechos de paso abusivos.
En Portugal no fue mejor el trato que recibieron. Se fijaron cuatro puntos de entrada a lo largo de la frontera. Cada persona debía pagar ocho cruzados para obtener un permiso de residencia de ocho meses, transcurridos los cuales deberían pasar a África en naves portuguesas, pagando el pasaje que se les fijara. Los niños de pecho y obreros manuales que quisieran establecerse en el país sólo debían pagar cuatro cruzados. Pero estos últimos fueron obligados, además, a recibir el bautismo. Los que no tuvieron dinero para pagar aquel arancel o el pasaje, así como los que penetraron en el país clandestinamente, fueron vendidos como esclavos o enviados a las islas de Los Lagartos. Si malo fue el trato que les dieron en España, peor aún fue el que recibieron en Portugal.
Desde el reino lusitano muchos salieron hacia las costas de África, donde se unieron a los que habían llegado directamente de España. Los que quedaron en Portugal fueron expulsados, finalmente en 1496. El motivo, el que sigue:
El rey Juan II murió en 1495. Le sucedió su primo Manuel, que se empeñó en casar con Isabel, hija de los Reyes Católicos. Isabel, viuda de Alfonso, príncipe heredero de Portugal, estaba convencida de que la muerte de su primer esposo había sido castigo de Dios, por haber amparado a los judíos y conversos perseguidos. Por ello exigió, como condición para el nuevo matrimonio, que salieran del reino todos los refugiados. Y así se hizo.
Parte de los expulsados de España intentaron pasar directamente a África. Hubo armadores que, después de recibirel importe de los pasajes, no cumplieron sus contratos; un numeroso grupo salió de Cádiz hacia Orán, en una flota de 25 naves dirigidas por Pedro Fernández Cabrón (sí, sí, no es una errata). Parte de ellos fueron arrojados al mar en las costas de Málaga y Cartagena, donde muchos de ellos se convirtieron.
Los demás fueron a parar al puerto de Arcila, en Marruecos, después que los soldados que les custodiaban les robaran lo que llevaban encima y violaran a muchas de sus mujeres e hijas. Allí se les unieron los fugitivos de Portugal y luego se dispersaron hacia distintos puntos de Marruecos, buscando correligionarios que les ayudaran. Por los caminos, los moros repitieron con ellos los anteriores vejámenes; muchos de ellos fueron abiertos en canal, porque, al no hallarles oro ni en los equipajes ni entre las vestiduras, cabía la posibilidad de que se lo hubieran tragado. Aterrorizados, muchos volvieron a Arcila con la esperanza de poder regresar a España.
Hubo otros muchos grupos, en especial aragoneses, que embarcaron en los puertos del Mediterráneo y se establecieron en Génova, Nápoles, Turquía, los Balcanes y otras tierras de Oriente Próximo y Medio Oriente. Parte llegaron también a Francia, Inglaterra, los Países Bajos y Alemania.


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