8 ene. 2015

PODER NOBILIARIO CON LOS TRASTÁMARA

La entronización de los Trastámara en Castilla supuso, además de un episodio de la Guerra de los Cien Años, el inicio de un proceso de amplias concesiones a la nobleza "nueva" que fue uno de los principales auxiliares de Enrique II en su marcha hacia el poder.
La visión clásica de la guerra civil castellana y de sus secuelas nos ha presentado a Pedro I (el rey "cruel" o el rey "justiciero", según), como defensor de los intereses del estado llano, el monarca popular con un amplio sentido de lo que debía ser el porvenir económico y social de Castilla. De ahí su protección a los judíos y genoveses. Frente a él se alzó la Castilla feudal y agraria, dirigida por los bastardos y apoyada en la sombra por Aragón, como hemos visto ya. Aunque variedad de observaciones matizarían la realidad total del proceso completo, mucho más complejo de lo que parece a simple vista, hay que tener en cuenta una serie de consideraciones bastante relevantes. En primer lugar, Pedro I sólo pugnó contra la nobleza en tanto suponía un elemento turbulento que se oponía a su política personalista. En este sentido, lo que hace es poner en práctica hasta sus últimas consecuencias los métodos de su antecesor. Si con sus terribles castigos contribuyó de alguna forma decisiva a triturar a la "nobleza vieja", desde luego no lo haría ni por puro capricho ni por un deseo de congraciarse con los grupos populares. Cualquier monarca de su época sabía perfectamente que la nobleza era una fuerza social de cuyo concurso no se podía prescindir. Pedro I posiblemente comprendía esto; pero se excedió en sus medidas derepresión frente a los intentos del estamento nobiliario, para que su fuerza política fuera equiparable a la del poder monárquio. El personalismo del monarca era opuesto de forma tajante a esta tendencia; su imprudencia y sus múltiples errores acabarían enajenándole casi totalmente las simpatías de un estamento que, aunque debilitado por los castigosreales, tuvo el suficiente peso como para colaborar de forma decisiva en la victoria de Enrique de Trastámara. La propaganda del bastardo pudo presentar a éste no sólo antes, sino después de subir al trono, como el continuador de la obra de Alfonso XI, tergiversadapor un "tirano"cual era Pedro I.
En segundo término, la llamada revolución trastámara y sus secuelas no constituyen un hecho aislado, circunscrito a Castilla, sino que se trata de un fenómeno general a todo el Occidente europeo, tan general como lo fue la propia confrontación de la Guerra de los Cien Años. La Baja Edad Media ha sido considerada como el momento en que la nobleza hace desesperados esfuerzos en todos los países por dar a la monarquía una constitución de tipo aristocrático. El ascenso de la "nobleza nueva" con los Trastámara en Castilla es parte de un fenómeno general en las monarquías occidentales. En el caso de Francia, el fenómeno está representado por los apanages concedidos a parientes del monarca, que segregan amplios territorios al control directo de la Corona. En el caso de Inglaterra, la subida de los Lancaster al poder en el tránsito al siglo XV se debió, al igual que la de los Trastámara, al apoyo del estamento nobiliario.
Por último cabe resaltar que, por muy coartado que los monarcas tengan su poder por parte de la nobleza, por mucho que hayan necesitado de ella algunos soberanos para, incluso, ususpar el trono, todos los reyes del momento, en mayor o menor grado, tratarán de evitar las nefastas consecuencias que pudieran derivarse de que el estamento nobiliario absorbiese por completo el poder político. En este sentido, los siglos XIV y XV nos presentan la lucha entre la nobleza y la monarquía en su momento más dramático. De la pugna, esta última será la que salga victoriosa, dando paso a los regímenes de autoritarismo real del Renacimiento.
En el caso concreto de la Castilla de los primeros Trastámara: Enrique II, Juan I y Enrique III, el proceso de afirmación del estamento nobiliario como fuerza sociopolítica y su pugna contra la monarquía se han desarrollado como pasaremos a contar.

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