19 ago. 2014

ASTURIAS: CONTINUADORA DE LA ESPAÑA VISIGODA (I)

Ya vimos que Asturias nació de la voluntad de unos montañeses y unos refugiados, vinculados anteriormente a la corte visigoda. Unos y otros se negaron a integrarse en la comunidad política islámica y se propusieron seguir formando la antigua unidad hispano-goda deshecha políticamente por los invasores. Como grupo social, el pequeño reino de Asuturias era continuador de la España visigoda, he ahí la base fundamental de su legitimidad, una legitimidad de carácter social, en cuanto que la comunidad es continuadora de la que le precede y que tiene indudablemente más fuerza que la legitimidad política.
El cambio más importante en la vida del nuevo reino cristiano, que lo diferencia del antiguo Estado hispano-godo lo constituye la dedicación intensiva hasta el siglo XV en una empresa llamada "Reconquista". El término España no significará para unos o para otros un determinado Estado cristiano con preferencia a otros, sino todo el ámbito peninsular objeto de la reconquista. La Edad Media se veía ocupada, por parte de los monarcas españoles, en una empresa que no tiene parangon en ningún otro reino de Occidente. No caigamos en la ingenuidad de creer que los guerreros medievales españoles dormían con los caballos ensillados. La lucha contra el Islam tuvo diferentes grados de intensidad y hubo largos períodos de inactividad conformista y de tolerancia complaciente, si bien en ningún momento se abandonó la idea de una conquista final de todo el territorio.
Esto pone de manifiesto una diferencia radical entre los dos invasores de la Penínsla: la de los árabes y la de los visigodos. Mientras a éstos se les tolera inicialmente, para luego fundirse en un solo pueblo con ellos, al árabe se le considera siempre un invasor injusto al que hay que expulsar. Las diferencias religiosas imprimieron a su lucha un carácter religioso imputable en gran parte del Islam cuyo sentido de "guerra santa" llevaba inevitablemente al enfrentamiento entre la cruz y la media luna.
Ambas ideas, reconquista del territorio y carácter religioso de la lucha, aparecen nítidamente expresadas en la frase con que la Crónica Albedense, a modo de programa político, anuncia la obra restauradora de Alfonso II: restauró el orden gótico "tanto en la iglesia como en palacio". Efectivamente, la oposición religiosa y política al Islam se va manifestando por medio de la restauración del mundo católico regido por los godos. Al convertirse Asturias en el escenario de esta restauración nos encontramos con que debe hacerse en una comarca que carecía de antecedentes. No había diócesis, ni tradición política o cultural; todo hay que traerlo de fuera. De manera que lo que para la comunidad es una restauración, par ala tierra es creación nueva. Asturias se benefició no sólo de los contingentes demográfico que allí emigraron a la llegada de los musulmanes, sino de otros nuevos inmigrantes: mozárabes, clérigos y laicos, que llevaban consigo a las tierras astures su ciencia y su añoranza del mundo hispano-godo desaparecido.
Alfonso II pretendió restaurra el orden godo. Procuró dar a su capital, Oviedo, el máximo esplendor mediante nuevas construcciones. Éstas fueron sobre todo iglesias, como San Salvador, San Tirso, Santa Leocadia, la Cámara Santa y San Julián de Prados, única que se conserva en la actualidad, mostrando una decoración con objetos arquitectónicos de inspiración carolingia. Pero además de estas construcciones religiosas, dotó a Oviedo de otros edificios civiles, casas, baños públicos, triclinios, etc... El rey, que se había construído a sí mismo un palacio, creyó llegado el momento de rodearse también de una corte similar a la que habían tenido los reyes godos, aunque proporcionada a su pequeño reino. Hasta ese momento había funcionado con un mínimo de organización política, basándose toda ella en la independencia casi directa de los súbditos del rey, que, ante todo, era su jefe militar. El acoso continuo de los musulmanes apenas permitía otro tipo de organización. En esa situación, la función del Estado se reducía casi a la defensa del territorio. Con los años, la población se fue sedimentando, asimilándose a los grupos montañeses y los emigrados, apareciendo entre ellos una sociedad con diferentes grados de riquza, cultura y poder.
Alfonso II restauró el Oficio Palatino en su corte ovetense. El rey asturiano no podía aspirar a rodearse en su pequeño reino de toda la serie de funcionarios que habían existido en el Toledo visigodo. Por eso restauró lo justo: algunos condes de palacio, un cantor mayor (primicerius) y un escribiente (notarius), que, al parecer, se bastaba por el momento para llevar él solo todo el trabajo de la cancillería regia, la cual, ciertamente, no tendría mucha complicación. También se proveyó de la administración de justicia, tomándose como base legal el Fuero Juzgo de los visigodos, dando con ello una clara voluntad de erigirse en continuador de éstos.

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