14 may. 2014

EL OCASO DE LA EDAD TARDÍA IV: FIGURAS RELIGIOSAS HISPANAS

Muchos autores coinciden en apreciar un cierto tono rigorista e intransigente en el conjunto de las disposiciones del Concilio de Iliberis. No han faltado tampoco quienes han insistido, por el contrario, en la relajación de costumbres que mereció tan severas normas. De todos modos no podemos pasar por alto que, ya desde entonces, afrontamos las líneas constantes en la religiosidad española de todos los tiempos: la intransigencia doctrinal en convivencia con la despreocupación y la laxitud en la conducta ordinaria.
Entre los personajes más representativos de la Hispania del siglo IV cabría destacar a Osio de Córdoba (nacido en 256). Asistió al Concilio de Ilíberis y fue nombrado consejero del emperador Constantino, en cuya conversión podría haber influido. Cuando el emperador decidió poner fin a la herejía arriana (y a otras corrientes doctrinales) mediante el Concilio de Nicea (325) Osio lo presidió. En tiempos de Constancio, hijo de Constantino, Osio fue perseguido por su adhesión a la doctrina católica, combatida a la sazón por el emperador. Ya era casi centenario cuando fue desterrado a Sirmio, donde sufrió toda clase de coacciones para lograr su adhesión a la causa arriana. Se le ha denominado el "Atanasio de Occidente" por haber realizado en esta región una tarea similar a la realizada en Oriente por San Antanasio en defensa de la ortodoxia. Fue asimismo un gran orador. Entre sus escritos se conservan diversas cartas y un libro de Sentencias en el que reunió los cánones del concilio de Sárdica. El obispo de Lisboa, Potamio, corrió una suerte parecida a la de Osio, siendo desterrado también a Sirmio por su defensa de la ortodoxia católica. En el caso de Potamio, éste terminó por adherirse al arrianismo.
Contemporáneo de los anteriores fue el obispo Paciano, nacido en Barcelona, cuya diócesis regentó. Sus obras fueron destinadas preferentemente a desarraigar supersticiones populares y a combatir las doctrinas de los círculos rigoristas, conocidos con el nombre de novacianos. Así, el Cervus lo escribió contra una especie de carnaval que se celebraba al comienzo del año, en el que las gentes solíasn disfrazarse de ciervos. Las Cartas a Sempronio van dirigidas contra los novacianos. Un hijo suyo, llamado Nummio Emiliano Dextro, escribió, según referencia San Jerónimo, una Historia Omnímoda, que se perdió.
Gregorio, obispo de Elvira, murió a finales del siglo IV. Fue autor de los Tratados sobre el Cantar de los Cantares y sobre Orígenes, así como un opúsculo Sobre la fe, juntamente con una Homilía sobre la lepra y un tratado sobre el arca de Noé.

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