24 abr. 2014

ECONOMIA Y SOCIEDAD EN LA HISPANIA ROMANA IV: LA AGRICULTURA

La fuente principal de riqueza, aunque no la única, era la agricultura. El auge de las ciudades fue paralelo a una sorprendente transformación de los campos. Gracias a la densa red viaria, el mudo rural, hasta entonces aislado por cmpleto, entró en contacto con los grandes centros de comercio y consumo, que potenciaron sensiblemente la producción agropecuaria. De la misma firma que había ocurrido en Italia, la conquista de Hispania por Roma puso en manos del Estado grandes extensiones de terreno, el llamado "campo cautivo". A veces, el Estado lo vendía a los mismos vencidos a quienes se lo había arrebatado. Pero, frecuentemente, se reservaba la mayor parte del terreno como "campo público", que, alquilado a ciudadanos romanos, debía dar al erario pingües ingresos. De hecho, sin embargo, no todos los ciudadanos tenían la oportunidad de disfrutarlo, sino solamente los que podían pagar la renta exigida. Con el tiempo, los arrendatarios terminaron por no pagar un céntimo y por apropiarse no sólo las parcelas alquildas, sino también las de sus vecinos menos poderosos, valiéndose de las peores artimañas. Así se formaron los grandes latifundios, no sólo en Italia, sino también en Hispania y en las demás provincias del Imperio.
Por lo que a Hispania se refiere, los antiguos jefes tribales, los capitalistas romanos y, en su tiempo, los funcionarios, pasaron a constituir el núcleo principal de grandes propietarios latifundistas. En la provincia Bética este fenómeno se vio favorecido además por factores geográficos y técnicos y, desde luego, por el peso de una tradición que se remontaba a los tiempos de Tartessos. Así prosperó un latifundismo agrario, germen del andaluz actual, con el que se combinó, en sus mejores tiempos, la práctica del trabajo esclavista y el desarrollo de obreros jornaleros con paro estacional.
De esta forma pronto destacó entre la burguesía una categoría de grandes propietarios, los seniores, cuyo número, con el tiempo, disminuyó al mismo ritmo que aumentaban sus propiedades. La explotación latifundista no era unitaria: el propietario explotaba una parte, mientras arrendaba el resto a varios cultivadores; los contratos de arrendamiento tendieron a convertirse en contratos perpetuos, de forma que cada familia de cultivadores quedó vinculada estrechamente a una misma familia de propietarios. De ahí derivarían con el tiempo otras instituciones como el colonato y la servidumbre de la gleba, de las que ya hablaremos en el futuro. Los propietarios solían vivir, durante el Alto Imperio, en las ciudades, pero además poseían grandes villas campestres, como nuestros modernos (¿?) cortijos, desde donde atendían los trabajos agrícolas por medio de administradores y capataces.
Entre las innovaciones introducidas por los romanos en los cultivos agrícolas merece ser citado el impulso dado al cultivo de los tres productos típicos del área mediterránea: el olivo, la vid y los cereales. El primero, aunque ya conocido anteriormente, se impulsó en la Bética y en el Valle del Ebro. De hecho, la Bética se convirtió en la principal suministradora de aceite de Roma. El aceite, envasado en grandes ánforas de barro, salía por vía fluvial del Guadalquivir. De hecho, se han encontrado restos de estos envases por todo el occidente romano, pero muy especialmente en Roma, donde la mayor parte de los cascotes acumulados en los vertederos de la ciudad imperial son de origen andaluz. Hoy en día forman parte del monte Testaccio, donde quedan aún toneladas de ánforas rota esperando que los arqueólogos las estudien. Gracias a estos restos conocemos hoy en día los nombres de muchos fabricantes y exportadores de aceite, como el de la familia Elio-Optato.
El cultivo de la vid fue obstaculizado por la política proteccionista de los emperadores, deseosos de detener la decadencia de la agricultura italiana, que se aceleraba por la competencia inigualable de los caldos hispánicos. A pesar de las disposiciones legales, la vid se cultivó en Hispania en grado suficiente como para atender el mercado interior y a un importante comercio de exportación de uvas frescas, pasas y vinos. Hay referencia elogiosas en los poetas y escritores romanos sobre los excelentes vinos de la Bética (peligrosos por su fuerza, decían) y los del campo de Tarragona.
Los cereales (trigo, cebada) transformaron la economía de la meseta, donde, a excepción del territorio de los vacceos, dedicado a su cultivo desde tiempos antiguos, la riqueza de los indígenas estribaba especialmente en la ganadería. Como consecuencia de la roturación de amplios territorios comenzaron a florecer las ciuades y las villas campestres en las tierras altas de la Península. En las demás regiones, el cultivo de los cereales, practicado desde antiguo, no produjo cambios importantes, o al menos no tanto como en la meseta, donde adquirió una importancia económica fundamental para el futuro del país. El papel representado por el área castellana en tiempos de los visigodos y, en general, a lo largo de la Edad Media, depende, en gran parte, de este hecho económico.
No por esto se desestimó la ganadería, que también jugó un papel crucial en el juego socioeconómico peninsular. Junto a estas actividades económicas de la burguesía urbana en el Alto Imperio, destacan también las industriales y comerciales. La minería ocupó un importante lugar, pero de ella hablaremos en la siguiente entrada de este blog.

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2 comentarios:

B. Miosi dijo...

Así que eran latifundistas, bueno yo había leído en alguna novela como en La catedral del mar, que los señores feudales eran prácticamente amos de sus súbditos agricultores, hasta tenían derecho sobre las novias a punto de casarse y todo eso.

Como en todo, lo mejores empresarios son los que se llevan la palma.

FRANCISCO GIJON dijo...

Lo cierto es que no sabríamos diferenciar (y los Historiadores no se ponen de acuerdo) cuándo terminó el Imperio Romano. Eso que llamamos "Medievo" fue una prolongación muy particular de la Era Romana. Hay teorías para todos los gustos. Hay quien afirma que el Medievo nunca existió, que el Imperio Romano terminó con las Invasiones Bárbaras, que terminó con el fin del Imperio Carolingio... otros dicen que fue con la caída de Bizancio (s. XVI) o, incluso, con la disolución del Sacro Imperio en el siglo XIX. Son teorías. Lo cierto es que el latifundismo y el servilismo, al menos en España, lo encontramos en tiempos de Roma, en el Medievo e incluso en la Andalucía y ambas Castillas de inicios del siglo XX. Hay opiniones para todos. La mía ya la conoces. Gracias por tus comentarios, fermosa.