30 mar. 2014

VIRIATO III

Tucci, Obúlconla (Porcuna, Jaén) e Iskandia (Astigi=Écija) fueron sometidas. Serviliano mandó decapitar a no menos de 500 rebeldes y vendió como esclavos a otros 10.000. Poco después, Viriato regresa y toma la iniciativa: todo el ejército romano fue copado por los lusitanos en un desfiladero.
Pero en tan decisivas circunstancias ocurrió algo totalmente inesperado. Viriato, en vez de aniquilar a los romanos, firmó con Serviliano un tratado de paz por el que ambos se comprometían a respetar las fronteras que en aquel momento separaban a romanos y lusitanos. Viriato dejó marchar a los enemigos y fue reconocido rey por el Senado de Roma, que le distinguió además con el título de "amigo del pueblo romano".
Es extraño que un hombre que había puesto como base de su misión una desconfianza absoluta hacia los romanos llegara a un acuerdo semejante con sus mortales enemigos. La única explicación nos la ofrece el historiador Schulten: "Viriato tampoco confiaba en el apoyo de su inconstante pueblo y se vio forzado a un pacto". Puede ser...
En el año 139 Serviliano es sustituído en el consulado por su hermano, Quinto Servilio Cepión, partidario acérrimo de la ruptura del tratado. El Senado sólo al principio le dio autorización para molestar a los lusitanos hasta que fuesen ellos los que rompiesen el tratado e iniciasen las hostilidades. Pero después Cepión consiguió permiso para tomar la iniciativa. El Senado, obrando contra toda justicia, despreciando incluso los resultados de una consulta plebiscitaria que se llevó a efecto, anuló la paz, simultáneamente, contra lusitanos y celtíberos.
Cepión persiguió audazmente a Viriato por toda la meseta: fundó campamentos, construyó una carretera que, atravesando el Guadiana y el Tajo, penetraba hacia el norte. Se aventuró incluso en el territorio galaico hasta parajes donde, hasta entonces, ningún romano había llegado. Cuando por fin tuvo acorralado a Viriato, su ataque se frustró por la indisciplina de sus mismos soldados. Pero también flaqueaban las tropas de Viriato. Por eso, el caudillo lusitano optó por entablar negociaciones con el pretor de la provincia Citerior, Popilio Lenas. Él mismo acudió al campamento romano:aceptó algunas de las condiciones que Lenas le impuso, como la de entregar a algunos rebeldes, a quienes el romano hizo cortar la mano derecha. Pero cuando le pidió que entregasen las armas, Viriato rompió las negociaciones. Su pueblo, no obstante, quiso proseguir la guerra y el rey de los lusitanos no tuvo más remedio que reanudar los tratos, esta vez con el mismísimo Cepión.
Para llevarlos a cabo se valió de tres amigos suyos originarios de Urso, en la Bética, y por tanto antiguos súbditos de Roma pasados al campo enemigo (fallo garrafal). Se llamaban Audas, Ditalcón y Minuros. Cepión les ofreció total ambistía si traicionaban a Viriato, además de otras muchas ventajas y ricos regalos (poderoso caballero es don dinero, que diríamos en el siglo de Oro). Y de este modo, a su regreso al campamento, dieron muerte a Viriato mientras dormía.
Los lusitanos lloraron amargamente a su jefe caído: su cadáver fue incinerado en una gigantesca hoguera, a la que arrojaron innumerables víctimas ofrecidas a los dioses. Sus tropas, cantando a voz en grito alabanzas al difunto, daban vueltas en círculo alrededor del fuego. Al apagarse éste, todos permanecieron por un tiempo sentados en el suelo, silenciosos y tristes. Sobre sus cenizas se erigió un túmulo, y encima de éste 400 guerreros lucharon por parejas hasta morir (costumbre por otro lado, etrusca, luego la aculturización estaba surgiendo efecto).
Desdeeste momento, la resistencia lusitana se desmoronó. Todavía hubo algunos, como Táutalos, que intentaron invador la Ulterior, pero sin lograrlo. El sucesor de Cepión, Decio Bruto, acogió los restos del ejército lusitano y los afincó en una colonia que fundó para ellos y a la que, en recuerdo a su pasado valor y coraje, dio por nombre Valentia. Al parecer, la tal Valentia no es otra que Alcántara, si bien hay autores que la sitúan en la región levantina, en la Valencia actual.
Los asesinos de Viriato no tuvieron cumplida ninguna de las promesas que recibieron: el Senado se negó a reconocer lo que Cepión había pactado con ellos. Tal vez porque "Roma no paga traidores...".
Ya quedaba solamente Numancia para definir sin matices la provincialidad de Hispania con respecto a Roma. Trataremos de este tema en la siguiente entrada....

2 comentarios:

B. Miosi dijo...

Ahora me explico por qué a los españoles les atrae tanto la novela histórica, ¡Tienen unos antecedentes impresionantes! Hay tanto que aprender todavía, que páginas como la tuya realmente se agradecen.

Saludos!
Blanca

FRANCISCO GIJON dijo...

Blanca,

es que Europa, y muy especialmente el arco mediterráneo, es la cuna de la incivilización actual. Entender nuestro pasado es entener nuestro presente. Ya veremos, conforme avance, qué pasiones despiertan mis entradas...

Gracias por pasarte. Besuquis

Frankie