24 ene. 2014

RELIGIÓN DE LOS PUEBLOS IBÉRICOS (3)

El culto al toro también se relaciona en algunas regiones peninsulares con el del dios de la guerra (Marte, en tiempos de romanización). Entre los poquísimos nombres propios de divinidades veneradas en nuestro territorio por estos pueblos, conocemos uno que puede considerarse, precisamente, análogo a Marte, por el carácter astral y belicoso que se le atribuye. Se trata de Pecosousucivo, conocido por un altar dedicado a su numen, encontrado en Úbeda, Jaén.
Dentro de esta misma línea se pueden considerar los cutos que centralizó el santuario de El Cigarralejo, en la localidad murciana de Mula. Su origen se remontaría al siglo IV a. de C. La mayor parte de los exvotos encontrados en este altar suelen ser representaciones de équidos, algunos simples relieves en piedra arenisca y otras piezas escultóricas de bulto redondo.
También se relacionan con cultos celestes los montes consagrados a los dioses, muy numerosos en la región levantina y tampoco ausentes de la Bética.
Para completar el panorama de cultos ibéricos sería interesante conocer la escena representada en la pátera de plata hallada en Tivisa (Tarragona), que muestra en su centro, a manera de umbo, un altorrelieve de cabeza de lobo, animal que se encuadra más dentro de la zona céltica y se relaciona con las corrientes de agua y cuyo nombre aparece en los topónimos de muchas fuentes termales y balnearios de toda Europa (Llupia, lupiñén, Loubaresse, Lobenstein, Lippsringe, Lipova, etc...)
Entre las figuras claramente relacionadas con los cultos solares hemos de mencionar un genio alado que lleva en su mano el símbolo del rayo y, parada encima, un águila, que es el ave solar por excelencia. Y entre las escenas susceptibles de ser relacionadas con los cultos de fertilidad y la tierra, podríamos incluir a la centauresa, que galopaacompañada de un jabalí y un gato montés; al dios sentado de frente, que parece emerger de la tierra rodeado por tres jabalíes; y otra en la que un típico jinete ibérico alancea a un león que a su vez ataca a un toro.

En otro orden de cosas, las danzas rituales parece que fueron muy comunes. Estrabón las menciona cuando dice que "en Bastetania las mujeres bailaban mezcladas con los hombres, unidos unos y otros por las manos". Las pinturas cerámicas confirman este hecho con sus frecuentes escenas que tanto nos recuerdan al bello baile catalán de la sardana. El carácter religioso de estas escenas parecen sugerirlo los símbolos que alternan con las figuras.
Tenemos también noticia de una costumbre que, al parecer, introdujeron los mercenarios ibéricos al regresar de sus expediciones a Italia. Se trata de las luchas de gladiadores, que llegaron a constituir un rito obligado en la celebración de las honras fúnebres de los grandes personajes. Tal vez se tratase de una forma menos brutal y más espectacular de realizar los sacrificios humanos con los que se honraba a los difuntos.

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