6 ene. 2014

LOS "HOMBRES ROJOS"

Los fenicios fueron los primeros en llegar a nuestras costas como colonos. Eran gentes procedentes del extremo opuesto del Mediterráneo, de la franja de tierra que va desde el monte Carmelo, al sur, al Eleutero, al norte. Étnicamente pertenecían al tronco semita. Se decían a sí mismos originarios del golfo Pérsico, y desde tiempor remotos habían ocupado los actuales territorios de Palestina, el Líbano y parte de Siria. Allí habían fundado prósperas ciudades constituidas como repúblicas ciudadanas o pequeñas monarquías, políticamente autónomas pero fuertemente vinculadas entre sí por lazos económicos, culturales, lingüísticos y religiosos. La clase dirigente estaba formada por una aristocracia de comerciantes y armadores de entre los que se reclutaba la clase sacerdotal. Las ciudades eran gobernadas por un consejo de ancianos que delegaban su autoridad en magistrados delegados por el consejo. A veces, alguna familia poderosa se hcía con el poder y lo detentaba durante varias generaciones como auténticos monarcas hereditarios, hasta que uno de ellos era asesinado o suplantado por cualquier otra familia rival.
Las regiones de Siria y Palestina constituían uno de los más importantes nudos de comunicaciones del mundo antiguo. Allí confluían las rutas que enlazaban entre sí Egipto, Arabia, Mesopotamia y Anatolia. su valor estratégico era tal que, cuando los egipcios lograron sacudir el yugo de los hiksos, se apoderaron inmediatamente del corredor palestino, entre otras razones para tener bien vigilados los accesos que en el futuro podían conducir hasta Egipto a cualquier otro pueblo invasor. Esto ocurría en tiempos del faraón Tutmosis III (h. 1470 a.C.), conocido también como "El Napoleón Egipcio" por su genialidad como estratega y organizador. Los habitantes del país ocupado sufrieron pronto las consecuencias de la conquista egipcia: muchos de estos semitas fueron deportados como mineros forzados a yacimientos de cobre y lapislázuli que los egipcios explotaban en la península del Sinaí. Entre los condenados no faltaron gentes cultas, conocedoras de los últimos avances en el arte de escribir. Las primeras muestras de escritura se hallaron precisamente en las galerías que ellos habían perforado. El nuevo sistema se perfeccionó y se extendió por el mundo en las naves fenicias: incluso los griegos lo aprendieron de ellos, modificándolo a sus necesidades dialectales.
La poblaciónd el país de Canaán, nombre con el que por entonces se conocía aquella zona de Asia, tuvo que soportar en adelante todos los vejámenes que le impusieron los imperios que se disputaron el dominio sobre la región. Los faraones organizaban cada primavera brillantes campañas militares en las que se llevaban a Egipto como rehenes a los hijos de los reyezuelos colaboracionistas, rastrillando las riquezas que el país producía.
En la primera mitad del siglo XIV a. de C. la tenaza egipcia comenzó a aflojarse. El advenimiento del místico y visionario Amenofis IV (Akenathón), que desoyó las angustiadas peticiones de auxilio que le hacían sus vasallos semitas, aterrados por los avances de los temibles hititas, fue el culpable. Hartos de pedir tropas de auxilio y no recibir otra ayuda que consuelos espirituales, se pasaron a las filas del enemigo. La reacción egipcia fue inmediata: un golpe de estado derribó al piadoso faraón y los sacerdotes tebanos predicaron la guerra santa en nombre del dios Amón. Los militares salieron al campo de batalla. Egipcios e Hititas tenían ya las espadas en alto cuando en el país de Canaán estalló la peste y las trompetas del pánico resonaron estridentes con un "sálvese quien pueda".
Entretanto, en las lejanas tierras de Europa, los pueblso indoeuropeos volvían a ponerse en movimiento. En el camino aprendieron a trabajar el hierro, conocido desde hacía tiempo en algunas regiones de Asia y monopolizado hasta entonces por los temibles hititas. Para obtener el hierro eran necesarias unas manipulaciones algo más complejas que las necesarias para conseguir los metales conocidos hasta entonces. Pero el mineral de hierro se encontraba abundantemente por todas partes. Así, el empleo de armas metálicas, restringido hasta el momento a los poderosos capaces de pagarlas, se popularizó. Las hordas indoeuropeas, masivamente armadas de hierro, arrollaron fácilmente cuantos obstáculos encontraron a su paso. La Grecia de los señores aqueos fue invadida por los dorios provocando la desbandadada general. Todas las islas del Egeo se llenaron de fugitivos. La costa occidental de Asia Menor también quedó sumergida por una marea de exiliados a los que los dorios habían arrebatado sus tierras y que ahora luchaban desesperadamente por conseguir otras nuevas en el litoral asiático. La Historia conoce este catastrófico movimiento de pueblos con el nombre de "la primera diáspora griega". De ella hablaremos más adelante.

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