6 jul. 2013

PERSONALIDAD DEL CARDENAL CISNEROS

El cardenal fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) es una de las figuras más insignes de la historia de España. Nació en Torrelaguna (Madrid), de humilde familia, y después de ejercer distintos cargos eclesiásticos, ingresó en la Orden franciscana.  Se hallaba de guardián en el monasterio de Salcedo cuando la reina Isabel la Católica le eligió como su confesor; luego le propuso para la vacante del arzobispado de Toledo.  A pesar de ser Primado de la Iglesia española, Cisneros seguía viajando a pie y vistiendo el tosco sayal de franciscano. Sus comidas eran de anacoreta, y dormía sobre una dura tabla en una estancia pobremente decorada. Sin embargo, como siempre ha de haber descontentos y envidiosos, cierto día, en una solemnidad presidida por Cisneros, revestido de pompa pontificial, en la sede catedralicia toledana, el predicador, un viejo fraile franciscano, aludió con ironía al excesivo lujo de algunas vestiduras "que contrastaban con la ascética sencillez de la Orden franciscana".
La alusión resultaba tan ostensible que no pasó inadvertida. Y una vez terminada la ceremonia, y ya en la sacristía, Cisneros se aproximó al predicador diciéndole:
-He de felicitaros por la fácil expresión de vuestro discurso y también por el espíritu que lo informa. Si bien conviene que tengáis en cuenta la diferencia que ha de establecerse entre la necesaria ostentación que exige el cargo y la intención de quien lo desempeña.
Y levantando sus vestiduras, agregó con firme acento:
-Ved, bajo la riquísima capa pluvial que me cubre, la túnica de paño burdo que va en contacto con mi cuerpo, como cumple al ascetismo franciscano al que jamás falté.
Proverbial era la modestia y austeridad del nuevo arzobispo de Toledo y regente de España. En cierta ocasión mostráronle a Cisneros un precioso diamante que se vendía. Y al preguntar el precio, le dijeron:
-Vale cinco mil escudos de oro.
A lo que Cisneros contestó:
-Yo quiero más asistir a cinco mil pobres con ese dinero que poseer todos los diamantes de las Indias.
Poco antes de morir Isabel la Católica, el cardenal Cisneros expuso a la excelsa reina la conveniencia de llevar las armas españolas a territorio africano, como ratificación de la recién terminada Reconquista.  La idea le pareció adecuada a la soberana. Mas la muerte segó el propósito que quedó aplazado por algún tiempo.  Regente ya don Fernando el Católico, Cisneros se lo recordó. Pero la empresa entrañaba grandes dispendios y el erario no disponía entonces de fondos necesarios para acometerla.
-No importa -insistió el cardenal-. Yo anticiparé lo que haga falta.
Pronto salió del puerto de Almería una armada que se apoderó sin dificultad de Mazalquivir. Algo más tarde, una nueva flota zarpó de Málaga, también costeada por Cisneros, quien dirigió la expedición personalmente, llevando como teniente al célebre Pedro Navarro, que tanto se distinguió en las guerras de Italia.
Cisneros era ya septuagenario, y por este motivo desconfiaban muchos de su eficacia como jefe de la expedición. Y es que desconocían su temple.  Y demostró su valor y energía logrando apoderarse de Orán, contraviniendo las órdenes expresas de Pedro Navarro, caudillo ahora de las tropas, quien tenía dispuesto el asalto para una fecha determinada;mas las huestes sintieron impaciencia y pidieron al cardenal que anticipase la ofensiva.
No era Cisneros un hombre que se doblegase ante las intransigencias.  Pero una carta del rey don Fernando (dirigida a Pedro Navarro e interceptada por el cardenal) descubrió a Cisneros la desconfianza del monarca aragonés y el deseo de retenerle en África, para alejarle de la Península.
Amargado y entristecido, resignó el mando y retornó a España.  Entonces se dedicó a dos empresas que, a falta de otros títulos, inmortalizarían su nombre, a saber: la fundación de la Universidad de Alcalá de Henares  y la impresión y publicación de la Biblia en varios idiomas (hebreo, caldeo, griego y latín), que se conoce con el nombre de Biblia Políglota Complutense.

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