1 mar. 2013

OMAR

En la zona árabe siempre hubo españoles que osaron combatir a sus dominadores.  La familia española de los Beni-Qasi, cristianos renegados, gozaba en Zaragoza del favor del califa de Córdoba.  Y aunque en su fuero interno odiaban a los árabes, supieron fingir su adhesión al Islam.  Mas un día, levantada contra los mahometanos la bandera rebelde, éstos se vieron obligados a abandonar la ciudad del Ebro, y los Beni-Qasi crearon una especie de estado autónomo en Aragón.
El mismo resultado obtuvo Beni-Meruan en Badajoz.  También era español y falso mahometano.  Realizando incursiones contra los musulmanes próximos a su feudo dio mucho que hacer al califa cordobés.  Allá por el año 853 la ciudad de Toledo, con mayoría cristiana y siempre en rebeldía, solapada o abierta, se levantó de nuevo contra Mohamed I.  El cristiano Síndola, al que Ordoño I envió algunos refuerzos, mandaba esta vez la revuelta.  Los toledanos marcharon desde Córdoba y llegaron a Andújar, en donde derrotaron al ejército musulmán..  La capital distaba tan sólo 60 kilómetros.  A los cristianos les parecía imposible estar tan cerca de Córdoba.  Pero cuando menos se lo esperaron el califa atacó con sus mejores fuerzas y desvaneció la ilusión de los cristianos que se habían rebelado.
Todas estas insurrecciones, sin embargo, quedaron pronto eclipsadas por las proezas del astuto, valeroso y temerario Omar.
A pesar de su nombre árabe, se trataba de otro renegado de extraño temperamento, mezcla de guerrillero, bandido y señor feudal.  Su actuación, al principio, era la de jefe de una cuadrilla de gente valerosa, la del bandolero.  Omar buscó como refugio y cuartel el fuerte de Bobastro, de la época romana, en el sur de Antequera.  Y en abierto desafío al gobernador de la región de Málaga, bajaba a los poblados de la misma, efectuaba pillajes y fijaba tributos a los árabes ricos.  Algo semejante harían siglos más tarde José María "el Tempranillo" y otros bandoleros andaluces.
La osadía de Omar culminó asaltando y robando la rica y lujosa tienda del visir de Mohamed I.  Como esto no lo podía consentir el califa, al cabo de tres años, Bobastro fue sitiado y Omar capituló forzado por el hambre.  Aguardaba la muerte, pero tuvo la sorpresa de verse conducido ante el califa, quien le propuso que entrasen él y su gente a su servicio.
Omar aceptó encantado.  Pero aguantó poco tiempo en su cómodo cargo y un día huyó seguido de su hueste y atacó por sorpresa el fuerte de Bobastro, en donde residía el visir árabe.  Tan de prisa escapó éste que dejó allí a su favorita, que no tardó en pasar a los brazos del rebelde.  Una vez dueño Omar de su anterior guarida, se erigió en defensor de los españoles y declaró la guerra abierta a los árabes.  Mientras sus filas se engrosaban con voluntarios, actuaba como el soberano de un pueblo sometido.
Para preservar a los campesinos, que padecían a menudo por las incursiones de los bandidos, organizó patrullas de protección que reprimían estos delitos con severa justicia.  Gracias a estas medidas, en cuestión de semanas restableció Omar la paz en toda la comarca, por lo que toda la gente del campo le aceptó como caudillo indiscutible.
Ni Mohamed I ni sus sucesores lograron someter al rebelde Omar, que había adquirido renombre de guerrero invencible.  Durante medio siglo vivió en difícil pugna contra cuatro califas sucesivos, resistiendo en el fuerte de Bobastro con energía hasta que murió en el año 917 a la edad de 80 años.
Para castigar su imbatibilidad de experto guerrillero, Abderramán III crucificó su cuerpo, sacándolo del sepulcro donde llevaba once años enterrado.  Este califa logró conquistar Bobastro hacia el 928, tras una larga guerra contra el hijo de Omar.

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