4 ene. 2013

LOS SUCESORES DEL REY ATAULFO

La muerte de Ataulfo trajo como natural consecuencia la ruptura de la alianza entre godos y romanos. Los nobles visigodos eligieron rey a Sigerico, jefe del partido contrario de Roma.  Una de las primeras medidas fue enviar a Italia a Gala Placidia cargada de cadenas. Pero él también, tras siete días de reinado, fue violentamente asesinado.
El carácter electivo de la monarquía gótica explica la frecuencia de los regicidios: pues aspirando todos los caudillos a la dignidad real, procuraban llegar a ella por el camino de la conjura y el asesinato.  Tanto es así, que de los 33 reyes que tuvieron los godos, ocho fueron asesinados, otros ocho usurparon el cetro y cuatro perdieron la corona, aunque salvando la vida.
A Sigerico sucedió Walia quien, prudentemente, pactó con los romanos, comprometiéndose a expulsar de España a los suevos, vándalos y alanos, y reservándose para ellos las tierras al sur de Aquitania o la Galia, con centro en Toulouse.
Derrotados los vándalos y los alanos por Walia se hicieron fuertes en Galicia y en la Bética; si bien ante la presión cada vez mayor de los visigodos no hallaron otra solución que, acaudillados por Genserico, pasar al norte de África.
Se calcula en 80.000 el número de vándalos que pasaron al África. Roma no tuvo más remedio que reconocer el hecho consumado y cederles las tierras alrededor de Ceuta, Tánger y hasta Túnez.  En estas tierras los vándalos se transformaron en audaces piratas, formando un imperio insular que abarcó pronto, además de las tierras continentales africanas, las Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia.
A la muerte de Walia fue proclamado rey Teodoredo o Teodorico, el cual extendió sus dominios por las Galias hasta los ríos Ródano y Loira, a costa del Imperio Romano, cada vez más decaído.
Todavía por estas fechas intentó Honorio recuperar la Península ibérica, enviando con tal propósito a su general Cartino.  Pero fue derrotado en la Tarraconense por los bagaudas, capitaneados por su jefe Basilio y unidos a los suevos, quedando reducidos los romanos a dos comarcas de la Tarraconense.
Durante el reinado de Teodorico fue cuando Atila, el azote de Dios, invadió las Galias al frente de medio millón de hunos.  Los hunos procedían de la Tartaria, eran de rostros atezados y barbilampiños; iban vestidos de pieles y cueros, bebían la sangre y el orín de sus caballos, y comían carne cruda o magullada con el peso del jinete sobre el caballo.
Atila arrasó Orleáns a sangre y fuego.  Mas allí, una coalición compuesta por el general en jefe de las fuerzas romanas, Aecio, los francos al mando de su rey Meroveo y los visigodos hispanos, acaudillados por Teodorico, le derrotaron completamente en los Campos Cataláunicos, junto a Chalos sur Marne en el 451.
Se cree que fue una de las batallas más sangrientas de la historia, y que en ella murió Teodorico.  Su hijo Turismundo fue proclamado para sucederle sobre el mismo campo de batalla; pero al poco tiempo cayó muerto al filo de un puñal, comprado por sus mismos hermanos.
teodorico, uno de ellos, se apoderó del mando (453), que supo ejercer con gloria y provecho de los godos, pues dirigió sus armas contra los suevos, que se habían señoreado de casi toda la Península, y los rduo a la región galaica.
Pero también Teodorico fue víctima de otro fratricidio.  Le sucedió Eurico (466), que fue el autor de aquel crimen.  Su reinado, no obstante, fue notable porque coincidió con la ruina y desaparición del Imperio Romano de Occidene, al que había pertenecido Hispania.  Este hecho convirtió a Eurico en el auténtico primer rey de una España libre e independiente.
También es célebre el reinado de Eurico, hombre enérgico y valeroso, aunque cruel, porque en él se publicaron las primeras leyes escritas que tuvieron los godos, las cuales se conocen por esto con el nombre de Código de Eurico, y son las costumbres germánicas elevadas a la categoría de ley escrita, dando así la raza goda un gran paso en el camino de su cultura, cada vez más parecida a la de los españoles romanizados.
Al código de Eurico le llaman también Código de Tolosa, por haberse escrito en esta ciudad transpirenaica (Toulouse). Fue obra del jurisconsulto León, que no obstante ser latino y católico, desempeñó el cargo de ministro cerca del intolerante Eurico.  Se ha perdido el original de dicho código; pero se conserva una copia, sobra la cual habían escrito ciertos monjes del siglo VII una obra de San Jerónimo.  Este palimpsesto llegó al convento de San Germán de los Prados, cuyos frailes advirtieron en 1750 los indicios de la escritura antigua, trabajando por descubrirla, lo cual se logró merced a los sabios paleólogos Knust y Blume, quienes restablecieron el texto primitivo.
Se da el nombre de palimpsestos, pues, a los papiros y pergaminos de doble escritura: la primitiva y la nueva o segunda, que se hacía sobre la primera borrándola o raspándola a fin de aprovechar aquel material de escribir que escaseaba mucho por la época.  Gracias a ello llegaron a los tiempos medievales casi todas las obras de autores griegos y romanos (excepto las que entraron a través del Islam o por mediación de los monjes irlandeses penetraron de nuevo en el continente europeo).  Asentado el pueblo visigodo en una forma u otra en España, nace y se afirma un Estado independiente que hará posible la plasmación de una nueva unidad peninsular que sólo la irrupción de los musulmanes quebrantará.

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