9 ene. 2013

EL REY WAMBA

Recesvinto convocó el VIII Concilio de Toledo, el cual derogó la antigua ley que prohibía los matrimonios entre godos y españoles, y ordenó que la elección de rey se verificara en el mismo lugar donde hubiese fallecido el monarca anterior.  Los esfuerzos que los reyes visigodos hicieron desde Leovigildo para convertir en hereditaria la corona (apoyándose en los "Concilios de Toledo", que eran verdaderas Asambleas Nacionales, centro del poder legislativo de la nación), no dieron el resultado apetecido, por el poder que tenía la nobleza, que se oponía.
A la muerte de Recesvinto, acaecida en la pequeña aldea de Gérticos, comenzó a cumplirse lo establecido por el VIII Concilio de Toledo.  Los obispos y magnates ofrecieron la corona a Wamba, un noble que vivía en Gérticos consagrado a las faenas agrícolas.  Pero él se negó tan resueltamente a ceñirla, que hubo necesidad de apelar a la fuerza para que aceptase.  La elección de Wamba (672-680) ha sido idealizada por la tradición con episodios dramáticos y maravillosos.  En efecto, varios autores cuentan que estaba arando la tierra cuando fueron a ofrecerle la corona.  Y como él dijera que la aceptaría cuando floreciese el palo seco con que aguijoneaba a sus bueyes, en el acto la vara se cubrió de hojas y flores. Leyendas nos da la historia...
Ya rey, Wamba demostró con su acertado gobierno que era digno del trono.  Tras sofocar una insurrección promovida en la Galia Gótica por el conde de Nimes, a quien se había unido el traidor conde Paulo, enviado por Wamba para combatir al rebelde, llevó a cabo una expedición contra los piratas sarracenos, que por primera vez se habían acercado a las costas peninsulares y saqueado varias ciudades.  Wamba observó en estas campañas el espíritu bélico de la raza goda.  En vista de ello, dictó una ley que obligaba a todos, sin excepción de los clérigos, a empuñar las armas en tiempos de guerra.  Esto hizo que los sacerdotes, arrancados del templo, adquirieran hábitos guerreros, que, sobre formar desapacible contraste con su misión de paz y mansedumbre, los llevaron a menudo al campo de las revueltas políticas.
Un pequeño grupo de enemigos, disgustados por la rectitud y justicia de Wamba, conspiró contra él.  Y un día, este reinado, cuyo principio fue tan singular, terminó de una forma, cuanto menos, extraña.
Ocurrió que un cortesano llamado Ervigio, hijo de un noble griego llamado Ardabasto y pariente del rey Recesvinto, sumergió a Wamba en un letargo mediante un narcótico.  Luego anunció que el rey había muerto y se apresuró a cortarle la cabellera y vestirle la mortaja de penitente.
Al recobrar Wamba el conocimiento, se halló incapacitado para reinar, según lo dispuesto por los Concilios.  El rey, en lugar de castigar a sus enemigos, renunció al trono, en contra de la voluntad popular y se retiró a terminar sus días en un convento.
De inmediato le sucedió el traidor Ervigio (680-687), con el que comienza la decadencia y ruina del reino visigodo en España.  El nuevo rey no se consideraba asegurado en el trono hasta que su autoridad fuera legitimada por la Iglesia.  Con este fin reunió, cómo no, el XII Concilio de Toledo, y se presentó él con un acta, donde se hacía constar que Wamba había abdicado voluntariamente, por lo cual fue declarado Ervigio monarca legítimo de los visigodos.
Sin embargo, para evitar que se repitiera lo sucedido con Wamba, el mencionado Concilio votó este canon:

"Que los presbíteros no impongan el hábito de penitente sino a los que lo pidan: y si alguno lo da a los que estén privados de conocimiento, quede excomulgado."

Ervigio, como era de esperar, pagó al clero el apoyo que le prestaba, derogando las leyes de Wamba y estableciendo otras muy favorables al elemento teocrático, que volvió a adquirir la influencia perdida en el reinado anterior.

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