20 dic. 2012

LAS VILLAS ROMANAS (V): SUS USOS

El término villa, tal como hoy lo entendemos, responde a un contenido de carácter fundamentalmente arqueológico; y aunque la vaguedad del concepto ha sido hasta ahora cómoda para englobar una pluralidad de restos y edificios romanos de los que no se sabía gran cosa, parece necesario comenzar a perfilar su significado con algo más de precisión.  Normalmente se considera villa a una explotación agraria que, de manera provisional o definitiva, dedicaría una parte a residencia del dominus o propietario.  Desde este punto de vista, cuando se excava un yacimiento de este tipo, se busca identificar en él la parte urbana y la rústica, a veces forzando la interpretación de los hallazgos para tratar de encajarlos en estas dos categorías.  Esto ha llevado a un entendimiento de las villas romanas bastante apartado de la realidad; hoy más que nunca hace falta un estudio arqueológico detallado de las villas romanas en su conjunto.
Este estudio debe tratar de definir con la mayor precisión posible las estancias halladas, analizar sus funciones y relacionarlas con unos usos; examinar los niveles de ocupación y asentamiento, establecer críticamente la estratigrafía, considerar los hallazgos en el conjunto al que pertenecen , y relacionarlo con el panorama arqueológico e histórico del lugar y del momento: no de otro modo podrá entenderse la naturaleza de estos locales y el papel desempeñado por dichos establecimientos a lo largo del tiempo.  este análisis arqueológico amplio se precisa, con una revisión villa por villa y estancia por estancia, lógicamente no tiene cabida aquí.  Pero no parece fuera de lugar exponer sus líneas generales, dado que los hallazgos y la valoración artística de los mismos están directamente condicionados por la naturaleza de los locales donde se han encontrado.
En cuanto a la cronología, se perfilan unas amplias líneas que podrían definirse del siguiente modo: en primer lugar, las villas hispanorromanas muestran un primer nivel de ocupación frecuente en el siglo I d.C.; generalmente se ignoran las formas arquitectónicas pertenecientes a ese momento inicial, pero ciertos datos hacen pensar que las villas no tienen el nivel de lujo y comodidades desarrolladas en épocas posteriores.  En segundo lugar, existe un auge generalizado de las villas romanas en el período del Bajo Imperio, es decir, hacia los siglos III y IV d.C.  El éxito de este tipo de construcción es creciente hasta un momento cenital que puede situarse aproximadamente en el tercer cuarto del siglo IV.  Tercero, existe un colapso brusco a finales de dicho siglo, con un nivel de destrucción generalizado y ampliamente constatado por las excavaciones arqueológicas.  Cuarto, una vez destruidos, total o parcialmente, dichos enclaves sufrieron avatares diferentes: e ocasiones, el total abandono; en otras, la continuidad de las labores y trabajos agrícolas y en buena parte de ellos se documenta la existencia de restos que demuestran la cristianización del enclave y de sus habitantes.
Las líneas generales expuestas corresponden únicamente a los niveles de ocupación de las villas romanas, pero es preciso además definir sus características arquitectónicas y usos.  No sabemos gran cosa de los establecimientos rurales del sigo I, aunque parece que tienen un nivel relativamente modesto.  Los sitios fueron en general cuidadosamente escogidos y puede considerarse que se tuvieron en cuenta los preceptos aconsejables por los agrónomos latinos, por lo que cabe suponer que el aspecto de la explotación agraria y otras consideraciones económicas fueron factores determinantes a la hora de elegir los lugares de las primeras implantaciones.
Es evidente el valor y la importancia que estos establecimientos rurales cobran a lo largo del tiempo: durante los siglos III y IV se documentan numerosas villas, tanto en las proximidades de las ciudades como en lugares más o menos apartados.  Aunque el esquema tradicional de consideración de las villas propone un paulatino alejamiento de los centros urbanos por parte de los propietarios, la realidad arqueológica se muestra harto más compleja.

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