27 nov. 2012

ARTE RUPESTRE AMERICANO (II)

Aunque no abunda, hay arte rupestre en Alaska, pero parece ser bastante moderno y obra de los esquimales.  Como excepción, un cierto número de grabados podría ser atribuido a la cultura paleolítica esquimal de Denbigh (golfo de Norton) y por ello se fecharía entre el 900 y el 500 d.C.  Hay también arte parietal, muy bello pero de fecha reciente, en la región de los Grandes Lagos, en particular en sus territorios más occidentales, tanto en Canadá como en los Estados Unidos.  Así, por ejemplo, el sitio de Peterborough (Ontario), contiene gran cantidad de grabados que han sido atribuidos a los algonquinos, pero cuyas primeras representaciones podrían ser algo más antiguas.  Con más abundancia se encuentra en diversas zonas de las Montañas Rocosas.  En la parte septentrional las manifestaciones más antiguas se fechan hacia el 3000 a.C., si bien se producen largas perduraciones (jinetes). Concretamente al sitio de Long Lake (Oregón) se le atribuye una fecha superior al 4500 a.C.  Se han distinguido varios estilos: de los cazadores antiguos, abstracto del centro de Montana, Columbia, Dinwoody, Ceremonial y Biographic, que, además, están asentados en diferentes áreas, lo que hace pensar en distintos estilos tribales.
El arte mural de la parte meridional de las Montañas Rocosas -Utah, Texas, Nuevo México- es el más variado de los Estados Unidos. Además, se relaciona con los sitios de la costa del Pacífico e incluso se extiende hasta el norte de México. Así, las pinturas del estado de California guardan un estrecho parentesco con las existentes en el estado mexicano de la península del mismo nombre.  Generalmente se relacionan con la cultura del grupo tribal de los Chumash.  Las cavidades de la Baja California están repletas de figuras polícromas extraordinarias, con antropomorfos orantes y hombres atravesados por flechas, que alcanza los 3 metros de altura y unas representaciones zoomorfas de alto realismo.  Los principales conjuntos se hallan en la Sierra de San Francisco (cerca de Mulegé), ilustradas por las investigaciones de Ramón Viñas, J.M. Fullola y su equipo. Al parecer, una parte de las pinturas conservaba para los indígenas un valor ritual cuando llegaron allí los primeros misioneros españoles en el siglo XVII.

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